Papel de Arbol

lunes, 5 de mayo de 2014

LA SALUD MENTAL, CIEN AÑOS DESPUES, UNA ESCUELA DE LA MUERTE.




Por Jorge Zavaleta Alegre, Perú.- Es hora de pensar en la educación en términos de durabilidad, que nos pueda hacer pensar, o soñar, en un futuro. La ética profesional implica un conocimiento transversal y multidisciplinario y no islas o negocios rentables con la salud mental y las enfermedades que diezman. Los médicos tratantes no comparten sus limitaciones con otras disciplinas por no perder el paciente. La dinámica de un sector de los psiquitras es alarmante. Veamos porqué y como.

Mujeres desnudas, con vejez prematura, quemadas por el sol y el frío, deambulan por parques y calles del Centro Histórico de las principales ciudades del Perú, ante la indiferencia absoluta de transeúntes y de las autoridades tutelares.
 
Este drama ha adquirido dimensiones inauditas en América Latina. Décadas atrás, las instituciones locales recurrían a la represión policial para ocultar, en sus días festivos, a los mendigos y/o enfermos mentales, trasladándolos en camiones a la entrada de la ciudad vecina, mientras terminen los actos festivos.

Un caso estudiado y muy visible es Trujillo – ciudad fundada en homenaje al lugar de nacimiento de Francisco Pizarro, Trujillo de Extremadura. Los operativos punitivos no son una invención:
Cada 29 de diciembre, aniversario de su independencia o durante los festivales de primavera y de la marinera, la prefectura aplicaba un pacto con la subprefectura de Chimbote, turbulento puerto que en los años sesenta vivió el boom de la pesca, mientras la población respiraba el fétido olor de la anchoveta extraída de un mar limpio y convertida en harina para la exportación, siguiendo la misma historia del boom del guano y el salitre, del petróleo y del oro y la plata y la siembra de coca destruyendo la foresta amazónica.

La depresión

En el siglo XXI la acción represiva ha cambiado debido a la densa e imposible migración de los “zorros” del ande y la multiplicación de enfermedades.

La depresión es el trastorno mental que más afecta a la población y una de las principales causas de discapacidad en el mundo. La depresión va más allá de una persona, porque incide al entorno familiar y comunitario y puede llevar al suicidio. Casi un millón de personas se quita la vida cada año en el mundo. En las Américas son alrededor de 63 mil. En el mundo la sufren más de 350 millones y recién el año pasado, la OMS, con 110 años de creada, decidió abogar y reconocer esta enfermedad.

No obstante esa perversa dimensión, los psiquiatras más lúcidos han intentado aproximarse a las raíces del mal, pero, en ese fatídico devenir, un sector de estos profesionales, ha olvidado la naturaleza multidisciplinaria de la salud para crear un monopolio infranqueable.

El marketing ha producido prósperos psiquiatras que atienden solo a pacientes y familiares de altos ingresos económicos, en lujosos consultorios, en zonas exclusivas. Estos “exitosos” empresarios o empresarias de la salud, se asocian algunas veces conla cirugía plástica y oftalmología, especialidades que suman clientela. Trabajan solo con citas previas e hilvanan vecindades con respetables intelectuales y diplomáticos, y no dudan en ostentar una descendencia de los miembros más famosos de la inglesa Sociedad Fabiana.

Se calcula que en América Latina el presupuesto sanitario destinado a salud mental es inferior al 2% y de este, el 67% se gasta en hospitales psiquiátricos, y se pretende ignorar que toda depresión va a necesitar tratamiento medicamentoso.

Lima, en las dos primeras semanas de abril del 2014 ha sido sede de un foro ministerial sobre Salud con representantes de sudamérica y de los países árabes. Su Declaración, en veinte acuerdos, señala: prevención, promoción y actuación sobre los determinantes sociales. Vigilancia y respuesta rápida de ayuda humanitaria. Mejoramiento de la calidad de los servicios. Formación de recursos humanos y que la salud aparezca en los objetivos del Milenio.

El Perú ha dado cuenta que el próximo año del 2015 todo recién nacido estará afiliado a un seguro de salud y que el 73% de la población ya cuenta con un seguro de salud privado o público, pero no cabe duda con una atención muy cuestionable. Entre los países que desarrollan la Cobertura Universal de manera exitosa está Qatar, Emiratos Árabes, quienes incluyen dentro de la afiliación a la población migrante facilitando así una oportuna atención.

La OMS destaca que la principal causa de muerte siguen siendo las enfermedades cardiovasculares, que mataron desde el 2011 un total de casi 17 millones de personas.

El año 2011 en el Perú ocurrieron 92.7 muertes maternas por cada cien mil nacidos vivos: 19 mil personas por cáncer en 2013. El 95% de casos de este mal que se detecta a tiempo tiene cura, pero lo más importante es prevenir con alimentación sana y exámenes periódicos. Se requiere de la acción interdisciplinaria, según la Liga Contra el Cáncer con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los recursos humanos especializados en oncología y anatomía patológica se encuentran concentrados en Lima, Arequipa y La Libertad. Los servicios más lucrativos son los de Radioterapia y Trasplante de médula ósea.

La gravedad de la salud mental

La brecha de atención de la salud mental, en el Perú, llega al 85 % de personas que no accede al servicio; del presupuesto de salud, solo el 1,5% se invierte en salud mental. El 22 % va a las redes de atención primaria y el restante es derivado a las instituciones psiquiátricas que no tienen la posibilidad de reducir la brecha de atención.

Existe un órgano rector que hace poco más de un año instaló la dirección de salud mental a nivel nacional, pero no pasa de una decena de especialistas asignados para atender la salud mental de todo el país.

La salud mental no se encuentra en el espacio público. Existen iniciativas en el Congreso de la República. Se sabe que una de las principales causas de la demencia es el Alzheimer, representa el 70 % del total de las demencias.

Para no hablar solo de los empresarios de la psiquiatría en Lima y las metrópolis latinoamericanas nos vamos a la Región Apurímac, rica en minerales explotados por transnacionales suizos. Abancay, la capital, comienza a ser más visitada por turistas extranjeros y pronto estará más cerca de Machu Picchu y Choquequirao con el moderno aeropuerto cusqueño de Chincheros

Esta urbe andina según un estudio del 2010, el 81.4% de las personas reconocieron haber tenido un problema mental en los últimos 12 meses, y que no recibió ningún tipo de atención en el sistema de salud (INSM-EESMA).

La salud mental y su vinculación con el desarrollo humano individual y colectivo, tiene una escasa relevancia en la agenda político-social regional o local.

En las comunidades están latentes problemas de salud mental: Baja valoración del vínculo familiar, inadecuadas pautas de crianza y violencia familiar, deterioro de principios y de la autoestima, marcado complejo de inferioridad. Bajo deseo de superación de las personas. Falta de decisión ante el riesgo. Arraigado machismo. Tendencia al uso excesivo del alcohol y otras drogas. Carencia de identidad regional. Depresión y estrés. Pandillaje, Esquizofrenia.

Frente a estas situaciones las familias responden con indiferencia, abandono y ocultamiento, pocos acuden a los establecimientos de salud. Del mismo modo, como en otras partes de América Latina, observan déficit de profesionales e infraestructura en los servicios de salud, escaso involucramiento de los gobiernos regional y locales y escasa participación comunitaria.

Todo esto sucede en el país, mientras entre Barranco - Miraflores, frente al mar limeño, algunos psiquiatras, convocan a ricos de dinero, evaden a la SUNAT, frecuentan congresos en el Caribe donde las transnacionales afinan estrategias de mercado. Los medicamentos para la salud mental, son una mina de oro, solo se comercializan por importadoras exclusivas y/o redes informales infiltradas en hospitales de la Solidaridad para captar clientela de emprendedores que sueñan en el ”ascenso social”.

Ojo. Peligro: A una paciente con más de quince años en manos de una psiquiatra - empresaria, jamás se le sugirió una tomografía, una resonancia magnética. Su “entrañable” paciente no falleció de depresión sino de cáncer al cerebro. La psiquiatra jamás dio una explicación o condolencias a sus familiares como tampoco lo hizo cuando las sobredosis recetadas a otra paciente, acabaron envenendándola. Asi funciona el mercado de la muerte.