Papel de Arbol

domingo, 2 de abril de 2017

Crónica por la Igualdad, revelaciones del BID y Oxfam

Resultado de imagen para jovenes marchan en nueva york
Jorge  Zavaleta Alegre,
 Asunción/Washington, DC

“Mi abuela tuvo una hija que nació muerta, y contrajo una infección. Mi abuelo fue a pedirle al dueño de la azucarera de la zona un camión para llevarla al médico, a la ciudad de Villarrica. Y el dueño de la azucarera dijo que los pobres no tenían derecho a enfermarse, y que el camión le saldría muy caro”, relató Roa  Bastos, el escritor paraguayo que este 2017 cumple 100 años de nacimiento. 

El Banco Interamericano de Desarrollo – BID, acaba de concluir su asamblea anual 2017 en Asunción. No obstante la profunda  crisis social  y ética que  atraviesa América Latina y el  Caribe,  el informe de esta institución, fundada en 1959, como propiedad de los países de la  Región,  nos ofrece algunos  indicadores  para emitir alguna opinión.  Dinero para los fines sociales existe. El cómo se usa, constituye el centro del de debate. El camino por la igualdad  es una romántica tesis. La región sigue siendo la más desigual del mundo.

 Aquí algunas referencias:

En 2016, el Grupo BID financió casi US$2.700 millones en actividades relacionadas con el cambio climático y movilizó un monto adicional de más de US$1.000 millones. Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Colombia fueron los cinco principales inversores en acciones relacionadas con el clima, utilizando dichos recursos.

Respecto  a sustentabilidad social, el BID continúa alentando la igualdad de género y la diversidad en todas sus operaciones, en línea con su propia estrategia institucional y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

Las actas fundacionales de esta institución señalan: Trabajar para mejorar la calidad de vida en América Latina y el Caribe. A través del apoyo financiero y técnico a países que trabajan para reducir la pobreza y desigualdad, mejora  la salud, educación e infraestructura. Hoy es la principal fuente de financiamiento para el desarrollo  de la Región.  Ofrece préstamos, donaciones y asistencia técnica, y realiza amplias investigaciones.

Actualmente, sus principales áreas de enfoque incluyen tres desafíos de desarrollo: inclusión social y desigualdad, productividad e innovación, e integración económica. Otros  tres temas transversales: igualdad de género y diversidad, cambio climático y sostenibilidad ambiental, y capacidad institucional y estado de derecho.

Las mujeres, los pueblos indígenas y los afro descendientes a menudo sufren la falta de oportunidades para el desarrollo. Sin embargo, los  aspectos étnicos y de género dificultan salir de la pobreza. Asimismo,  es sabido que cuando las mujeres son capaces de desarrollar por completo su potencial laboral, pueden generar significativos beneficios macroeconómicos para la sociedad.

Pero las poblaciones indígenas y afro descendientes han quedado al margen de las importantes reducciones en la pobreza de la población general, y continúan siendo más propensas a la marginalidad.

Los investigadores de esta financiera  y de otras también que gozan de credibilidad,  consideran que la equidad de género y la inclusión de personas indígenas y sus cosmovisiones podrían  convertirse en partes integrales de la Agenda de Desarrollo Sostenible en el año 2030,  siempre y cuando exista decisión de los  gobiernos “democráticos”.

El BID sigue promoviendo la igualdad de género a través del acceso mejorado a cuidados de salud de calidad y prevención de la violencia contra la mujer, junto a servicios de inclusión integral como Ciudad Mujer, modelo  que comenzó el 2011 en El Salvador se ha extendido en Honduras, México y Paraguay.

En América Latina y el Caribe, se constata algunos avances en la incorporación de mujeres en la fuerza de trabajo, la brecha de participación hombremujer/mujer-hombre sigue siendo de las mayores del mundo, con un 26,7 por ciento. Las mujeres perciben  un 84 por ciento del ingreso que reciben los hombres por el mismo trabajo, y alrededor del 80 por ciento de las mujeres son empleadas en sectores de baja productividad.

La desigualdad en América Latina y el Caribe no es fortuita, sino el fruto de decisiones políticas deliberadas que sirven a un grupo reducido de la sociedad en vez de garantizar el bienestar común.

Oxfam, una organización fundada en Londres, en su informa “Crónica de una desigualdad anunciada”, recogiendo el título de una novela de García Márquez, señala que en la última década los países de Latinoamérica y el Caribe lograron grandes progresos en la reducción de la pobreza. Sin embargo, la región sigue siendo la más desigual del mundo y donde más creció (38%) en el último año el número de ricos que acumulan más de mil millones de dólares. En ninguna otra región del mundo subió tanto este grupo. La desigualdad constituye un obstáculo para la sostenibilidad y el avance en la erradicación de la pobreza.

El informe de Oxfam “IGUALES. Acabemos con la desigualdad extrema” resalta que la extrema concentración de la riqueza en manos de pocos no es un hecho accidental ni inevitable, sino resultado de políticas que lo propician y que pueden y deben ser revertidas.

La gran acumulación de riqueza en manos de unos pocos hace invisible la línea de separación entre el poder político y el económico, propiciando una forma de secuestro democrático por las élites económicas y políticas que diseñan las reglas en beneficio de unos pocos y en detrimento de la mayoría de la sociedad.

La ganancia de una minoría se produce a costa de los sectores más vulnerables, que son víctimas de entornos políticos excluyentes, sistemas fiscales regresivos e injustos, servicios de educación y salud deficitarios, políticas de protección social de cobertura limitada y un sistema laboral basado sobre informalidad y explotación. Las mujeres siguen siendo las que más sufren la exclusión.

En definitiva los países de América Latina y el Caribe se enfrentan todavía a las altas tasas de pobreza y vulnerabilidad, y los gobiernos tienen la responsabilidad última de garantizar los derechos de toda la ciudadanía. Como parte de esta obligación deben enfrentar los intereses particulares y desarrollar políticas que representen el interés colectivo y reduzcan la desigualdad.


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