Papel de Arbol

viernes, 17 de febrero de 2017

LA ESTAFA, por Jorge E. Zavaleta Alegre/Washington DC



El célebre refrán de «Nadie regala duros a pesetas». Fue Doña Baldomera, hija de Mariano José de Larra, la pícara protagonista  que siempre hace caer en la trampa a todos los timados: beneficios rápidos y una avaricia ingente. Fue la inventora de las estafas piramidales. Por la Lima  Virreinal siguen multiplicándose en el  siglo XXI.  En  esta nota,  se encontrará con sorpresas. 

Por Jorge  E.  Zavaleta Alegre/ Grupo El Mercurio de Madrid

Una experimentada jurista fue convocada por una de las  universidades  de  Lima para que enseñara un  curso sobre  legislación y arquitectura de la ciudad.  El  aula estaba llena de jóvenes.  El decano- empresario-legislador nacional, presenta a la profesora.  Un estudiante lanza la primera preocupación: “Profe, en realidad  yo y  mis compañeros necesitamos que usted nos enseñe cuál  o cuáles son los  pasos  más  efectivos que podemos dar para evadir trámites  en  una municipalidad y  empezar cuanto antes  la construcción de una obra,  un  edificio de  10 pisos por ejemplo”.

Un propietario  de otra universidad que lleva el nombre de un clérigo  dedicado al magisterio, distribuye volantes  y publica en las redes sociales,  que  entre sus planes de innovación se creará el  próximo semestre una  facultad de investigación científica, arte  y cultura, con los mejores docentes de universidades del extranjero. Pasan los días  y efectivamente docentes de prestigio, con maestrías y doctorados, inclusive ex alumnos de la  misma  casa de estudios  que convoca, envían por correo  electrónico  sus  hojas de vida.  Uno de los postulantes a la cátedra  llama,  y la desaprensiva secretaria le contesta. “Disculpe doctor, la facultad recién empezará a  funcionar el año siguiente, sus documentos ya se encuentran en la nueva superintendencia como docentes de planta”.
 
Otro promotor  cultural  lanza el rumor que cuenta con el auspicio de un filántropo  cuyo nombre no quiere que se identifique. ”Vamos a promover cultura en todas sus  facetas”. El presidente de la institución, ligado a la investigación de la violencia política de los años ochenta y noventa, convoca a un   grupo de amigos, pero no le convence la calidad de sus socios. Pues, recurre a contactos con centros académicos de  Europa y EEUU. Exige a los candidatos la presentación  de contenidos  de los cursos que podría enseñar  (syllabus),  libros  y recomendaciones académicas. Entrevistas formales, recorrido por el campus. Pasan las semanas y  la respuesta del empresario, a  través de  su asistente egresado del consorcio:  “Disculpe  ya hemos cubierto las plazas, con docentes  que  venían trabajando  con nosotros.  Muchas gracias por las valiosas propuestas. Cuelga el teléfono.   
 
Otra forma de estafa.  De  cuando en vez, la empresa universitaria,  invita en persona a  una autoridad   académica de Europa, Inglaterra, La  Florida, de Las Canarias. Las conferencias son secretos de Estado. Las  fotografías son muy  útiles en la industria de productos culturales.

Un  organismo  internacional  rescinde el contrato de trabajo y  entrega  un cheque a cuenta de su indemnización, con asistencia del abogado de la institución. El jurista es abogado,   profesor,  ministro,  representante ante la OIT, etc.). También asiste el  notario.  El  trabajador despedido  recibe el cheque, firmando el compromiso de aceptación que es un documento estrictamente privado. Pasan los meses  y no  hay entrega del saldo. Argumenta el jurista de la OIT que  el  reclamo  es infundado porque el reclamante nunca laboró en  la institución financiera de desarrollo social, económico…. Monseñor  Escrivá será testigo de esta infamia.   

La  estafa, “académica” no es nueva.  La  buena literatura  nos  recuerda grandes casos de estafadores. Los de hoy   no  tienen el ingenio  de los antiguos.  Sus fortunas  provienen de evasión de impuestos,  narcotráfico,  contrabando, asesoramientos al  Estado en inversiones a suma alzada. Universidades sin libros ni laboratorios… Tres presidentes, decenas de periodistas,  empresarios de toda laya.  No habría espacio en las cárceles. Los estafadores están a la orden del día.  Odebrechet- Humala-García-Toledo y sus corifeos podrán contarnos,   desde los  tribunales de algún siglo venidero, la  importancia de ser embustero.