Papel de Arbol

sábado, 25 de febrero de 2017

FAMILIA VIVA: DIÁLOGO DE LAS GENERACIONES


Francisco Carranza Romero
¿ANCIANOS AL ASILO?
La pregunta del inicio es porque en este siglo XXI vivimos las controversias reales: mientras unos derriban las barreras espaciales, temporales y culturales para construir un mundo más fraterno y tolerante; otros levantan muros para evitar el contacto entre las personas de diferentes culturas, procedencias y tiempos.

Algunos hijos, después de crecer bajo el cuidado y apoyo de sus padres, se liberan de ellos al verlos inútiles por las limitaciones físicas y mentales, síntomas de la senectud (edad cuando los seres necesitan ayuda). Los envían a instituciones de diversos nombres: asilo de ancianos, ancianato, casa de reposo, casa de retiro, residencia de personas mayores.  Estos negocios, con o sin licencia, están en las manos de seglares y religiosos. Hay algunos asilos con personal de experiencia y conocimiento en el cuidado de gente longeva. Pero hay que tener suerte y dinero para localizarlos e ingresar en esos pocos.

Esta conducta de los hijos egoístas e ingratos es más común en sociedades de mayor desarrollo industrial y económicamente más fuertes; donde los ancianos son considerados elementos irrelevantes. Estos descendientes “muy modernos” no piensan que también son seres en proceso de envejecimiento. 

En algunos países, como Corea del Sur, las empresas constructoras de viviendas destinan un local con calefacción, aire acondicionado, cocina, servicios higiénicos, espacio para juegos de mesa (paduc, ajedrez, damas), televisor, computadoras, periódicos y revistas para los ancianos. Allí los mayores del barrio se reúnen, conversan, juegan, celebran los cumpleaños y hasta organizan cursos de actualización.   

CONVIVENCIA DE ABUELOS, HIJOS Y NIETOS
Por suerte, todavía hay sociedades en que varias generaciones tienen la oportunidad de compartir las vivencias. Casas donde conviven tres generaciones: abuelos, hijos y nietos. Pueden ser casas de estrechez espacial, o casas grandes de amplitud espacial; pero son viviendas con calor humano.

Las causas de esta convivencia generacional pueden ser varias; pero, innegablemente, son enriquecedoras porque mantienen viva a la familia. El encuentro y diálogo de las generaciones es una experiencia emocionante. 

Los abuelos, por tener mucha experiencia, aportan mucho a los nietos y se convierten en los primeros maestros de los nietos. Este encuentro generacional es como si el alba y el crepúsculo se toparan, como si el amanecer y el anochecer se dieran las manos, como si el inicio y el fin fueran simultáneos en milésimos de segundo. El día es una buena muestra de la vida: amanecer, clarear y anochecer.

Pero, aquí surgen dos problemas: 1.  Los abuelos que han asimilado los valores positivos de la vida y han acumulado los conocimientos del ayer y de hoy dan muy buenos aportes. Aquí no me refiero sólo a los escolarizados porque la ancianidad es la demostración de la madurez, resultado de la reflexión. El vino elaborado de buena uva, guardado en buena barrica y en ambiente adecuado, cuanto más pase el tiempo es de mejor calidad. 

2. Pero, ¿qué aportan a los nietos los abuelos que carecen de la madurez mental y espiritual? Estos ancianos pueden transmitir sus frustraciones, complejos y malas conductas. Esto se nota en ciertas ocupaciones y profesiones: Algunos hijos de padres y abuelos mañosos y corruptos también pueden repetir esas malas conductas como herencias. Los evasores de impuestos y los morosos hasta en el pago del mantenimiento de la casa transmiten a sus hijos y nietos sus irresponsabilidades.  

ENSEÑANZAS DEL ABUELO
Una mañana un joven salió a recorrer el mundo para conocerlo mejor. En la cima de la montaña se encontró con un anciano a quien lo saludó con venia y quitándose el sombrero. El anciano venía del valle al otro lado de la cordillera. Ante el saludo tan respetuoso del joven, el anciano se detuvo, le respondió sonriente y le invitó a descansar debajo de un arbolillo. En ese momento cantó el gorrión avisando la hora del cenit y del almuerzo. 

Compartiendo sus fiambres iniciaron la conversación; o, mejor dicho, el joven aprovechó para averiguar sobre el viaje. Y el anciano, con la generosidad de quien tiene algo que compartir y con el gesto del agricultor que riega la planta tierna, comenzó a hablar con voz firme: Cuando te acerques a un poblado, no entres inmediatamente; primero, infórmate bien, porque hay pueblos que no acogen a los forasteros. Si los reciben, les ponen muchas condiciones: los ubican en las periferias y en lugares poco sanos, se aprovechan de sus labores pagándoles salarios bajos y hasta pueden convertirlos en sus siervos y esclavos. Entonces, óyelo bien, ser forastero es una desgracia.

-Pero, abuelo, nosotros damos posada a los viajeros. Ustedes, los mayores, siempre nos dicen que los dioses viajan por el mundo para comprobar la generosidad de la gente. ¿Verdad?

-Así es, hijo.

-Abuelo, ustedes también nos enseñan que cuando nos dan la posada, debemos agradecer de todo corazón. Y al retirarnos de la posada, aunque sea una humilde cueva, debemos decir: Aywalla machay (Cueva, me voy agradecido). 

-Hijo, esa enseñanza es para formar gente buena. -El anciano batió la cabeza masticando el maíz tostado. Después de pasar lo masticado, suspiró y prosiguió-. Sin embargo, es bueno que sepas que también hay viajeros que llegan a tu casa con malas intenciones y con armas escondidas: Te piden hospedaje. Cuando les das, se pueden aprovechar de tu confianza. Esos malvados saben usar los papeles escritos y sellados para quitarte tu casa, tu chacra, tu cultivo, tu ganado y hasta se pueden convertir en tus amos. Cuántas veces hemos sido perseguidos y maltratados por los uniformados enviados por los que se quieren apropiar nuestras tierras. ¡Cuidado!

-Abuelo, ¿te refieres a la conquista y a los usurpadores de nuestras tierras?
-Esos invasores y usurpadores reciben la bendición de los que dicen que hablan con los dioses. - El anciano prosiguió como si no hubiera escuchado la pregunta; luego se calló mirando la lejanía: cerros, nevados, pastizales, río, cielo azul con unas nubes blancas de mayo y el pueblo allá abajo- Es que las autoridades del gobierno y los religiosos son dos cuchillos que pedacean los cuerpos indefensos de los pobres. Y, para calmar a las víctimas, les dicen: Bienaventurados los pobres… Una bienaventuranza que no se goza en este mundo.

En ese momento aparecieron volando un gavilán y un halcón. El cernícalo espantaba a patadas al hambriento rapaz. Los pájaros pequeños, escondidos, miraban alegres. 

-Killikshay kaptinmi ichishaq pishqukuna kawayan (La bandada de los pajarillos vive gracias al cernícalo). -Comentó el joven demostrando su conocimiento. 

-Wayanaykunapis, ayllukaskir, mallaq pitsakta maqayan (Las golondrinas también, cuando se unen, pegan al gavilán hambriento). 

El abuelo se refería a las golondrinas que defienden su espacio provocando; y cuando el gavilán alza el vuelo, lo atacan a patadas desde arriba. Hasta que el temido rapaz huye soportando las patadas y picoteos de la bandada de golondrinas.

El joven y el anciano se despidieron y continuaron sus caminos. 
Aquel joven, mientras viajaba por el mundo fue confirmando las enseñanzas del abuelo. “Las rencillas entre los religiosos y administradores coloniales marcaron las relaciones entre los dos cuchillos -Iglesia y Estado como los llamó el obispo Gaspar de Villarroel- en las Indias Españolas, y en la Florida no fue la excepción” (Luis Jerónimo de Oré: “Relación de los mártires de La Florida, p. 35. Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 2014. Edición de Raquel Chang-Rodríguez). 

“[…] los españoles que si por los frailes (franciscanos) no fuera ya no tuvieran de quien ser servidos, ni en casa ni en las estancias, que todos los hubieran ya acabado como parece por experiencia en Santo Domingo y en las otras islas, adonde acabaron los indios” (Toribio Motolinia: “Historia de los indios de la Nueva España”, pp. 116-117. Editorial Porrúa, México, 1990. Edición de Edmundo O’gorman). 

“Los carniceros desolaron las islas. / Guanahaní fue la primera / en esta historia de martirios”. (Pablo Neruda: “Canto General” p. 157. Editorial Cátedra, Madrid, 2011). 

Aquel joven tornó muchas veces a su pueblo; pero, ya no para residir. Una vez que se sale del antro materno no se puede regresar. 

Sin embargo, la madre tierra, donde sea, le sigue enseñando con la voz de los abuelos.