Papel de Arbol

lunes, 22 de junio de 2020

LA MUJER, EL FUTURO DE PARAGUAY escribe Jorge Zavaleta Alegre


El modelo económico histórico no ha sufrido mayores variaciones y está basado en la producción y exportación de materia prima agropecuaria, con un avance en el sector de servicios y, dentro del mismo, de finanzas y comercio. 

La dependencia del sector agropecuario es alta ya que aporta el 30% del Producto Interno Bruto (PIB), genera el 90% de las exportaciones y ocupa el 43% de la fuerza laboral del país. La mayor parte de las exportaciones está concentrada en los rubros de algodón, soja, papa, espárragos, paltas, quiwi, banana.....  carne y madera, caracterizando al país como uno de los más agrarios de América del Sur.

La economía paraguaya, como la de la mayoría de America basada en la agroexportación de materia prima, es vulnerable por los múltiples factores externos que inciden en ésta, algunos de los cuales son climáticos, de gran incidencia en la productividad de los rubros agrícolas. 

La sequía y los incendios forestales, cada vez más frecuentes causan pérdidas de muchos, muchísimos millones de dólares, tanto en la agricultura como en la ganadería, obligando al gobierno a declarar emergencia en las zonas más afectadas. 

La Asociación Rural del Paraguay (ARP), asociación que nuclea a los ganaderos y la Facultad de Ciencias Forestales informa  que en la reciente sequía casi se perdieron 1.000 hectáreas  quemadas, el 40% fueron bosques forestales que ya no se recuperarán.

Otro factor de riesgo es la gran dependencia de los precios internacionales. El algodón, rubro primario e históricamente estratégico –y hasta hace poco– para la pequeña agricultura1: los precios deprimidos del mercado internacional desmotivaron a los/as pequeños/as productores/as que dejaron de cultivar el rubro.


Paraguay tiene una fuerte estructura de población de mujeres jóvenes, con el 63.9% de la población menor de 30 años de edad.  En el área urbana, las mujeres representan el 58.8% de la población; en tanto que en la rural, alcanza el 41.1%. 

La cocina paraguaya en tiempos de guerra y otras recetas hispano  guaraníes:


 La cocina paraguaya en tiempos de guerra y otras recetas hispano guaraníesa. Esta gastronomía de Paraguay, una fusión española y guaraní, es fuente de aporte proteínico, aunque pocos la relacionan con la fortaleza mostrada por los paraguayos durante la Guerra de la Triple Alianza. 


A nadie escapa que la gastronomía de Paraguay, una fusión española y guaraní, es fuente de aporte proteínico, aunque pocos la relacionan con la fortaleza mostrada por los paraguayos durante la Guerra de la Triple Alianza, cuando resistieron contra tres países y durante años de penalidades.

Esta es la opinión Así del historiador y chef paraguayo Vidal Domínguez, quien plantea en un libro que esa resistencia, casi numantina, contra la coalición formada entre 1864 y 1870 por Brasil, Argentina y Uruguay, no hubiera sido posible sin una dieta lo suficientemente consistente.

"El paraguayo estaba muy bien alimentado y lo corrobora un oficial brasileño que escribe que la fuerza de un soldado paraguayo. De acuerdo con Domínguez, se trataba básicamente de una dieta "rica, con mucha carne, pero también abundante en miel, grano y diferentes tipos de frutas".

Fue un panorama de hambrunas que, cuando se vuelve a la normalidad, esta supone un regreso a los fundamentos de la gastronomía paraguaya, cuyo nacimiento Domínguez fecha sobre 1637, unos cien años después de la fundación de la ciudad de Asunción por parte de los españoles.

Es en ese intervalo de un siglo cuando se dio el contacto y el intercambio de ingredientes, de recetas y de técnicas de cocina de los dos pueblos, entre ellas las que España había tomado prestadas de los árabes.

Las huestes españolas, desde soldados a religiosos y colonos, llevan sus especias, sus guisos, sus caldos, sus asados sus formas de hacer el arroz, comentó el cocinero. Y los guaraníes les proponen elaboraciones propias como la chipa, un panecillo salado elaborado a base de almidón de mandioca, o la sopa paraguaya, una masa de harina precocida de maíz.
Las raíces de esta cocina se adentran en todo el Río de la Plata y hasta en la provincia brasileña de Mato Grosso do Sul, una región poblada por descendientes de guaraníes.

"Desde Asunción salieron los españoles y criollos paraguayos que fundaron Buenos Aires, Corrientes o la boliviana Santa Cruz de la Sierra. En partes de Argentina y de Mato Grosso do Sul se puede encontrar la chipa o la sopa paraguaya"

Todo ese fascinante proceso está reflejado en "Asunción 1537", libro sobre los orígenes de la gastronomía paraguaya que Domínguez presentará el próximo mes de junio.

Comunidad Mbya Guaraní promueve su seguridad alimentaria. Niños y niñas, así como docentes de las comunidades Mbya Guaraní de Ñu Apu'a e Ykua Porâ del departamento de Caazapá, aportan sus ideas, conocimientos, dibujos y fotos para la  "Guía y Cuadernillo didáctico sobre seguridad alimentaria y educación nutricional para docentes y alumnos de la Educación Inicial Escolar Básica Indígena"

Estos esfuerzos de la comundad guaraní tienen el apoyo del Ministerio de Educación y Cultura,  FAO y la Organización No Gubernamental Acción contra el Hambre  "Apoyo y de un Programa de Educación Nutricional en Escuelas Indígenas del Paraguay".

FAO considera que Paraguay está apoyando los procesos de reivindicación cultural basada en la participación y respeto a la cultura y estilo de alimentación de los indígenas. La población indígena en Paraguay representa cerca del 2% de la población total del país organizado en 20 pueblos indígenas provenientes de 5 familias lingüísticas, asentadas en ambas regiones del territorio.

Según los últimos datos de la ONU, hay por lo menos 5.000 grupos indígenas compuestos de unos 370 millones de personas que viven en más de 70 países de cinco continentes. Los pueblos indígenas han contribuido a la herencia mundial gracias a su experiencia en la gestión de ecosistemas, sin embargo, están entre los grupos más vulnerables y marginados en el mundo.

Es un problema el bajo número de mujeres en el área de tecnología, tanto en las carreras de estudio como en las empresas de este ramo. Con esto en mente, se dio la primera hackathon en formato 100% virtual de Paraguay. En un par de semanas, más de 230 personas estaban inscritas.

Kuña Mbaretech – Kuñanguérape g̃uaräni. La hackathon Kuña Mbaretech – Kuñanguérape g̃uarä (que significa mujer fuerte en tecnología en Guaraní) fue liderado por el Ministerio de la Mujer en alianza con el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación, y  el apoyo técnico del BID, la coordinación de KOGA y el financiamiento del Gobierno de Japón. 

El objetivo fue ofrecer soluciones creativas a los desafíos que enfrentan las mujeres en situación de vulnerabilidad en su vida cotidiana, a través de la incorporación de tecnología digital.

Tras tres días de sesiones de trabajo virtuales, los 14 equipos presentaron sus propuestas ante el jurado. El equipo ganador presentó una aplicación móvil que mediante el reconocimiento de voz detecta los pedidos de auxilio y agravios sufridos por la víctima, y emite una alerta a sus contactos de emergencia con la localización del dispositivo. 

Las mujeres no necesariamente están intimidadas por la tecnología. A diferencia de otros eventos de tecnología en los que hay un bajo nivel de participación femenina, probablemente lo que hizo la diferencia en Kuña Mbaretech, fue que en esta ocasión las mujeres sintieron que los temas les interesaban y que ellas tenían mucho que aportar. 

En tan solo unos días fueron 188 mujeres inscritas. Una experiencia similar fue la de Hackea la Crisis Edición Mujeres y Niñas 2020 donde 218 volutari@s virtuales de toda Latinoamérica se reunieron para desarrollar soluciones a los retos que enfrentan las mujeres y niñas durante el confinamiento consecuencia del Covid-19.

Las instituciones públicas pueden mejorar sus servicios a través de la tecnología. Si bien en un principio hubo cierto escepticismo sobre esta iniciativa, el proceso demostró tres cosas: primero, el sector público tiene mucho que ganar al promover la innovación; segundo, en cualquier tema, – incluyendo la igualdad de género—las tecnologías digitales permiten desarrollar soluciones innovadoras a problemas tradicionales.

A manera de conclusión: El trabajo colaborativo para el desarrollo de soluciones creativas entre ciudadanos y gobierno lleva la participación ciudadana a un nuevo nivel, lo que a su vez permite que los servicios se adapten mejor a las necesidades ciudadanas.

La diversidad genera valor. Los equipos más diversos, tanto en términos de formación académica, experiencia o sexo de los integrantes, son más efectivos, ya que cada uno aporta una perspectiva diferente y complementaria al proyecto. 

Esta experiencia en Paraguay, un país pequeño con brechas de género e incidencia de violencia importantes demostró que se pueden encontrar soluciones de base tecnológica, con una gran participación femenina, en tiempo récord, y de forma virtual.

Las soluciones planteadas durante la hackathon responden a desafíos y problemas comunes a las mujeres de toda la región. El BID confia en que algunas soluciones planteadas puedan replicarse o servir de inspiración para otros países.

Con esta iniciativa, la FAO considera que Paraguay está apoyando los procesos de reivindicación cultural basada en la participación y respeto a la cultura y estilo de alimentación de los indígenas. La población indígena en Paraguay representa cerca del 2% de la población total del país organizado en 20 pueblos indígenas provenientes de 5 familias lingüísticas, asentadas en ambas regiones del territorio.

Este proyecto fue ejecutado conjuntamente con la Organización No Gubernamental "Acción contra el hambre" quienes se encuentran trabajando en la comunidad desde el año 2010 y han colaborado este proyecto con recursos financieros y especialistas en nutrición para validar la experiencia, con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID).

Según la ONU, hay por lo menos 5.000 grupos indígenas compuestos de unos 370 millones de personas que viven en más de 70 países de cinco continentes. Los pueblos indígenas han contribuido a la herencia mundial gracias a su experiencia en la gestión de ecosistemas, sin embargo, están entre los grupos más vulnerables y marginados en el mundo.











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