Papel de Arbol

miércoles, 1 de agosto de 2018

LA SALUD MENTAL EN AMERICA LATINA



Muchos creen que los problemas de salud radican en la falta de médicos, en el acceso a atención oportuna y en la prevención. Y aunque todo esto es cierto, lo paradójico es que hay intervenciones en salud que serían mucho más efectivas para el mejoramiento del bienestar de la población que no tienen que ver directamente con sector sino con otras áreas como la economía, las obras de infraestructura y condiciones sociales como la pobreza y la violencia.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define estos determinantes como “las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluido el sistema de salud. Son el resultado de la distribución del dinero, el poder y los recursos en los niveles mundial, nacional y local, que depende a su vez de las políticas adoptadas”.
Factores como el lugar de residencia, la ocupación, el género, la edad, los valores culturales, la etnia, la situación socioeconómica determinan aspectos como la mortalidad y la expectativa de vida de las personas. 
Es evidente que países desarrollados, donde las personas cuentan con mejores salarios, educación y condiciones de trabajo y una expectativa de vida de más de 80 años, en países africanos como Sierra Leona, la esperanza de vivir sea de 34 años.
Un estudio en el que se hizo una comparación entre el conflicto y desórdenes mentales encontró que la guerra es un factor importante en la prevalencia de problemas como ansiedad, depresión, estrés postraumático y tabaquismo.
“Esto puede ser un problema en el posconflicto porque no se sabe cómo se va a integrar a las poblaciones que quedaron afectadas mentalmente por la guerra con las que no están en esa situación y cómo se va a manejar el problema de los desórdenes mentales entre esas dos poblaciones”, asegura Eslava.
El segundo determinante característico es el sistema de salud en sí mismo, especialmente por las diferencias entre pertenecer al régimen subsidiado o al contributivo. “Es mejor estar en el sistema de salud que no estarlo. Pero hemos visto en los estudios que estar en el subsidiado es un factor de riesgo para morirse, comparado con el contributivo. Entonces, el subsidiado no está haciéndolo del todo bien”, cuenta Eslava
También está la corrupción del sistema. Esta última se ha hecho evidente en el caso de los niños muertos por desnutrición en zonas como La Guajira y la mortalidad materna en Chocó. “El gasto en salud es del 7,2 % y el sistema de salud colombiano cuesta 30 billones de pesos al año, incluidos gastos privado y público. Y, según las últimas noticias, 50 billones de pesos se perdieron en corrupción; es decir que eso habría alcanzado a pagar casi dos años de salud sin que nadie aportara un solo peso”, dice Eslava.
A esto se suma la falta de inversión en obras de infraestructura como acueducto y alcantarillado y vías de acceso que permitan conectar a los ciudadanos con sus centros asistencias de manera oportuna. “Si una mujer embarazada con una urgencia encuentra buenas vías de acceso, tiene mayor posibilidad de salvar su vida y la de su bebé”, dice Eslava. Pero también el acceso a agua potable significa un gran logro en la prevención de muchas enfermedades infecciosas que hoy causan la muerte a niños. En la zona rural de Colombia el 27 % no tiene acceso a agua potable y el 40 % no cuenta con adecuada eliminación de excretas, explica el experto.
La propuesta es que todas las políticas sectoriales incluyan el tema de salud, así como lo están empezando a hacer en otras regiones del mundo. “La Asociación Americana de Salud Pública (APHA) tiene una propuesta llamada “Salud desde todas las políticas e implica que incluyó el tema en todo, probablemente se logre resolver el tema de los determinantes más fácilmente”, cuenta Eslava.
Los indicadores de salud mejorarían y temas como la mortalidad materna y la malnutrición infantil no se presentarían si el Gobierno obrara desde la intersectorialidad y no únicamente a través del Ministerio de Salud. Si se cuenta con mejores vías, la atención puede ser más oportuna; si mejora la educación en adolescentes, las cifras de embarazos descenderían; si las nuevas tecnologías en salud tardaran menos tiempo en llegar a las poblaciones vulnerables, mejoraría su calidad de vida, señala el docente.
Eslava propone contar con un sistema de información único para todo el país. “No podemos depender de la información de salud que nos dan las EPS, porque detrás de la mala información está la corrupción”, dice y añade que “con ese sistema de información único para el país podríamos saber cuánto se consume en términos de servicios de salud, en dónde se consume más y cómo se está costeando”. De esta manera, todo lo relacionado con salud estaría contabilizado y se podría controlar mejor.



El trabajo es beneficioso para la salud mental. Sin embargo, un entorno laboral negativo puede causar problemas físicos y psíquicos. La corrupción desenfrenada en la vida de una sociedad provoca serias alteraciones en las relaciones diarias. 

La depresión y la ansiedad tienen unas repercusiones económicas importantes: se ha estimado que cuestan anualmente a la economía mundial US$ 1 billón en pérdida de productividad.

El acoso y la intimidación en el trabajo son problemas frecuentes que pueden tener considerables efectos negativos en la salud mental.

Las organizaciones pueden aplicar muchas medidas eficaces para promover la salud mental en el lugar de trabajo y aumentar con ello la productividad.

Visión general
Más de 300 millones de personas en el mundo padecen depresión, un trastorno que es la principal causa de discapacidad. Además, muchas de ellas sufren también síntomas de ansiedad. 

Según la OMS, los trastornos por depresión y por ansiedad cuestan a la economía mundial US$ 1 billón anual en pérdida de productividad. Es bien conocido que el desempleo es un factor de riesgo de problemas mentales, mientras que la obtención de un empleo o la reincorporación al trabajo ejercen efectos protectores.

No obstante, un entorno de trabajo adverso puede ocasionar problemas físicos y psíquicos, un consumo nocivo de sustancias y de alcohol, absentismo laboral y pérdidas de productividad. La promoción de la salud mental en el lugar de trabajo y el apoyo a las personas que sufren trastornos psiquiátricos hace más probable la reducción del absentismo laboral, el aumento de la productividad y la obtención de beneficios económicos que conllevan estos efectos.

En esta hoja informativa se trata sobre la salud y los trastornos mentales en el entorno laboral y sobre los problemas que puede causar o agravar el trabajo, como el estrés y el desgaste profesional.

Riesgos para la salud relacionados con el trabajo
Hay muchos factores del entorno laboral que pueden afectar a la salud mental. En la mayoría de los casos, los riesgos que conllevan se deben a una interacción inadecuada entre el tipo de trabajo, el entorno organizativo y directivo, las aptitudes y competencias del personal y las facilidades que se ofrecen a este para realizar su trabajo. Por ejemplo, puede ocurrir que una persona tenga las aptitudes necesarias para llevar a cabo sus tareas pero no disponga de suficientes recursos o no reciba el apoyo que necesita debido a las prácticas de gestión y administración de la empresa.

Estos son algunos de los riesgos para la salud mental:

políticas inadecuadas de seguridad y protección de la salud;
prácticas ineficientes de gestión y comunicación;
escaso poder de decisión del trabajador o ausencia de control de su área de trabajo;
bajo nivel de apoyo a los empleados;
horarios de trabajo rígidos; y
falta de claridad en las áreas u objetivos organizativos.
Los riesgos también pueden guardar relación con el contenido del trabajo. Por ejemplo, puede que las tareas asignadas a una persona no se adecúen a sus competencias o que la carga de trabajo sea permanentemente elevada. Algunos trabajos, como ocurre con los que desempeñan el personal humanitario y el de primera intervención, acarrean un riesgo más elevado, pueden afectar a la salud mental y causar síntomas de trastornos psiquiátricos o un consumo nocivo de alcohol, drogas o psicofármacos. Además, los riesgos pueden ser superiores en situaciones en las que el equipo no está cohesionado o no se dispone de apoyo social.

El acoso psicológico y la intimidación en el trabajo (mobbing) son causas frecuentes de estrés laboral y otros riesgos para la salud de los trabajadores, y pueden ocasionar problemas físicos y psicológicos. Estos efectos en la salud tienen consecuencias para las empresas, que se concretan en pérdidas de productividad y una alta rotación del personal. Además, pueden afectar negativamente a las interacciones familiares y sociales.

Pautas para crear un entorno saludable de trabajo
Un aspecto importante para conseguir que el lugar de trabajo sea saludable es la formulación de leyes, estrategias y políticas gubernamentales, tal y como han puesto de manifiesto los trabajos recientes sobre este asunto de la Brújula de la UE para la Actuación en materia de Salud Mental y Bienestar (EU-Compass). En un lugar de trabajo saludable, los trabajadores y los directivos contribuyen activamente a mejorar el entorno laboral promoviendo y protegiendo la salud, la seguridad y el bienestar de todos los empleados. En una guía publicada recientemente por el Foro Económico Mundial se recomienda que las intervenciones tengan un triple enfoque:

proteger la salud mental reduciendo los factores de riesgo relacionados con el trabajo;
promover la salud mental desarrollando los aspectos positivos del trabajo y las cualidades y capacidades del personal; y
tratar de solucionar los problemas de salud mental, con independencia de su causa.
En la guía se explican las siguientes medidas que pueden adoptar las organizaciones para crear un ambiente de trabajo saludable:

tomar conciencia del entorno de trabajo y de cómo se puede adaptar para promover una mejora de la salud mental de los distintos empleados;
aprender de las motivaciones de los directivos y empleados de la organización que han adoptado medidas;
no reinventar la rueda y fijarse en las medidas adoptadas por otras empresas;
conocer las necesidades de cada trabajador y las oportunidades de que dispone, con el fin de elaborar mejores políticas en materia de salud mental en el lugar de trabajo; y
conocer cuáles son las fuentes de apoyo a las que pueden recurrir las personas para pedir ayuda.
Estas son las intervenciones y prácticas adecuadas para proteger y promover la salud mental en el lugar de trabajo:

aplicar y hacer cumplir las políticas y prácticas de seguridad y protección de la salud, que permitan detectar el estrés patológico, las enfermedades y el consumo nocivo de sustancias psicoactivas, así como facilitar recursos para ello;
informar a los trabajadores de que pueden pedir ayuda;
promover la participación del personal en las decisiones, transmitir una sensación de control y de participación e implantar prácticas en la organización que promuevan un equilibrio saludable entre la vida laboral y personal;
ofrecer a los empleados programas de desarrollo profesional; y
reconocer y recompensar la contribución del personal.
Las intervenciones en materia de salud mental deben formar parte de una estrategia integrada de salud y bienestar que abarque la prevención, la detección temprana, el apoyo y la reincorporación o readaptación. Los servicios y los profesionales de la salud ocupacional pueden ayudar a las organizaciones a aplicar estas intervenciones donde estén disponibles, pero incluso cuando no lo estén, se pueden introducir una serie de cambios para proteger y promover la salud mental. La clave del éxito consiste en implicar a las partes interesadas y al personal de todos los niveles cuando se lleven a cabo intervenciones de protección, promoción y apoyo y cuando se evalúe su eficacia.

Los estudios disponibles sobre la costoeficacia de las estrategias en materia de salud mental indican que estas rinden beneficios netos. Por ejemplo, en un estudio reciente dirigido por la OMS se estimó que por cada dólar invertido en ampliar el tratamiento de los trastornos mentales más habituales se obtuvieron 4 dólares en mejora de la salud y la productividad.

Apoyo en el trabajo a las personas con trastornos mentales
Las organizaciones tienen la obligación de prestar apoyo a las personas con trastornos mentales para realizar su trabajo o reincorporarse al mismo. Los estudios demuestran que el desempleo, en particular si es de larga duración, es perjudicial para la salud mental. Muchas de las iniciativas descritas anteriormente pueden ayudar a las personas que padecen trastornos mentales. En particular, la flexibilidad horaria, la adaptación de las tareas asignadas a estas personas, la lucha contra las dinámicas negativas en el lugar de trabajo y la confidencialidad y facilitación de la comunicación con los cuadros directivos les pueden ayudar a continuar realizando su trabajo o reincorporarse al mismo.

Se ha demostrado que los tratamientos de base científica son beneficiosos para las personas que sufren depresión y otros trastornos mentales. Debido al estigma asociado con estos trastornos, los empresarios deben asegurarse de que las personas que los padecen cuentan con su apoyo, pueden pedir ayuda para continuar realizando o reanudar sus actividades y disponen de los recursos necesarios para hacer su trabajo.

El artículo 27 de la Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos de las personas con discapacidad proporciona un marco mundial jurídicamente vinculante para promover los derechos de las personas afectadas, entre ellas las que presentan discapacidades psicosociales. En el texto se reconoce el derecho de las personas con discapacidad a trabajar en igualdad de condiciones con las demás y sin sufrir ningún tipo de discriminación, así como a recibir apoyo en su lugar de trabajo.

Respuesta de la OMS
En lo relativo a las políticas a escala mundial, en el Plan de acción mundial sobre la salud de los trabajadores (2008-2017) y el Plan de acción sobre salud mental (2013-2020) de la OMS se establecen los principios, los objetivos y las estrategias de aplicación pertinentes para promover la salud mental en el lugar de trabajo. Se trata de tener en cuenta los determinantes sociales de la salud mental, tales como el nivel de vida y las condiciones de trabajo; prevenir y promover la salud, incluida la mental, mediante actividades que, entre otros aspectos, reduzcan la estigmatización y la discriminación; y mejorar los servicios de salud, incluidos los de salud ocupacional, para ampliar el acceso a la atención científicamente contrastada.

Con el fin de ayudar a las empresas y los trabajadores, la OMS ha elaborado una serie de documentos sobre la protección de la salud de los trabajadores en los que se formulan recomendaciones para atajar problemas habituales en esta esfera, como el acoso y el estrés. Como parte del Programa de acción de la OMS para superar la brecha en salud mental (mhGAP), que ofrece herramientas basadas en datos científicos para prestar servicios sanitarios, la OMS proporciona instrumentos técnicos para detectar precozmente y tratar los trastornos provocados por el consumo nocivo de alcohol y drogas y para prevenir el suicidio, que también pueden ser útiles para mejorar la salud mental en el lugar de trabajo.

Programa de acción para superar las brechas en salud mental (mhGAP)

En esta esfera, la OMS está elaborando y probando algunas herramientas de autoayuda que utilizan las tecnologías de la información. Estas herramientas pueden ser útiles para que las personas de países de ingresos medios y bajos gestionen los trastornos mentales más habituales, el consumo nocivo de alcohol y el estrés patológico












La Organización Panamericana de la Salud pronosticó que para 2010 habría 35 millones de latinoamericanos con depresión y 5,5 millones de esquizofrénicos. 

Estos números suponen que la cifra total de enfermos mentales casi se duplicará en dos décadas. La calidad de atención que para entonces reciba ese importante sector de la población, y el tipo de medidas preventivas que se estén aplicando para contener su aumento, dependerá de la importancia que los gobiernos otorguen hoy a la salud mental dentro de sus programas nacionales de salud. Según los expertos, se trata de un auténtico reto, teniendo en cuenta que en muchos países no existen planes nacionales de salud pública. Y donde los hay, salvo raras excepciones, la salud mental recibe porcentajes mínimos, en general por debajo del 5% de esos presupuestos y en muchos casos rozando apenas el 1%.

“El objetivo de la OPS es convertir la salud mental de América Latina en una prioridad”, aseguró recientemente en la sede del BID José Miguel Caldas de Almeida, especialista en políticas de salud y jefe de la Unidad de Salud Mental de esa organización. De un 20% a un 25% de los latinoamericanos y caribeños padecen desórdenes mentales, informó, agregando que sigue en uso “el sistema antiguo, basado en grandes instituciones y tratamientos obsoletos, en que prevalece la exclusión social, la falta de privacidad, los tratamientos forzados y otras violaciones de los derechos humanos de los pacientes”.

Caldas de Almeida está convencido de que hoy las posibilidades de intervención son grandes – hay más conocimiento sobre el problema, más y mejores tratamientos – pero reconoce que “de lo que se sabe a lo que se hace, sigue habiendo un gran abismo”. La OPS ha iniciado su trabajo desde el campo de la investigación y la información. “Estamos recabando datos para diseminarlos”, asegura el especialista, y explica que su organización está realizando estudios en ocho países para más tarde publicar los resultados y establecer modelos y experiencias innovadoras. Además de esta labor de investigación, la OPS apoya estudios sobre salud mental en el ámbito universitario, y programas sobre diseño y gerencia de políticas públicas de salud mental; también organiza redes nacionales para el estudio y seguimiento del tema, promueve el consenso regional sobre problemas tan importantes como el alcoholismo e impulsa los cambios legislativos necesarios para defender los derechos de los pacientes mentales, entre otras actividades. 

Una de las tareas más arduas y delicadas de la OPS es tratar de desmantelar las grandes instituciones hospitalarias en las que se concentra la atención de la salud mental de los pacientes de la región para transferir estos cuidados a las comunidades “donde los estudios demuestran que se obtienen los mejores resultados”, explica Caldas de Almeida. El especialista destaca también la necesidad de “hacer el cambio con la ciencia en la mano, presentar evidencia sobre lo que funciona”. Sobre este punto, Alfredo Solari, especialista principal de salud del BID, resaltó que la recopilación de buenas prácticas y de datos contundentes sobre el costo de la desatención a la salud mental serían los mejores argumentos para conseguir el apoyo financiero de las instituciones financieras multilaterales.

La salud mental es una de las áreas que contarán con el apoyo del BID una vez que se apruebe la nueva estrategia de salud del Banco. Dicha estrategia, cuya aprobación se espera para 2004, se está preparando bajo la coordinación de Andre Medici, especialista del departamento de Desarrollo Social del BID.

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