Papel de Arbol

jueves, 12 de enero de 2017

Oxfam, otro mundo es posible




Jorge Zavaleta Alegre                                

Oxfam International constata que la riqueza acumulada de 62 personas es igual a la riqueza acumulada de la mitad de la población mundial (3.7 mil millones de personas).
En los países del Sur, como Colombia, Paraguay, Perú, y casi toda Centroamérica, el desempleo, sub-empleo y sobre-calificación, supera la mitad de la población económicamente activa. Grandes sectores de la población mantienen formas de hace  miles de años, como  si  fueran los albores de la Humanidad.

En el siglo XX  emergieron nuevas formas de convivencia que dieron nacimiento a grandes revoluciones,  pero que no tuvieron el éxito deseado.

¿Por qué y cómo construir una sociedad  de igualdad de oportunidades?,  es el tema central del libro del Dr. Hugo Salinas González, en el  cual plantea la “Teoría del Cambio. Otro mundo  es posible”.
John Maynard Keynes, en 1936, precisó que “los dos vicios horrendos del mundo económico en el que vivimos son: primero, el desempleo; segundo, la arbitrariedad y ausencia de equidad en la repartición de la fortuna y de las remuneraciones.”

A lo dicho por Keynes, el autor de esta publicación remarca que además de las formas primitivas de  trabajar aún vigentes en el siglo XXI, ahora invaden otros efectos perversos  como la corrupción generalizada en América Latina. El caso de quien fue presidente del Perú  en los años 90, Alberto Fujimori  Fujimori, ciudadano nacido en Japón, constituye un referente muy  grave  y pernicioso para la vida de un  país, lo señalan los profesores Tierry Baudassé y Adolfo Hinojoza Pérez. 

Y no olvidar a la administración de Humala-Heredia, que supera cualquier dimensión de desgobierno  y aprovechamiento del poder para utilizar inclusive a su padre Isaac Humala  como un crítico a los movimientos de derechos  humanos sobre el valor y el respeto de la naturaleza sexual, expuestas en un ejemplar foro del Centro Goethe, 2016, en el que participaron  filósofos, historiadores, psicólogos  economistas de reconocido prestigio latinoamericano y cientos de estudiantes y jóvenes. 

En ese mismo año, Winnie Byanyima, directora ejecutiva de Oxfam International, afirmó: “Simplemente no podemos aceptar que la mitad más pobre de la población mundial posea la misma riqueza que un puñado de personas ricas que cabrían sin problemas en un autobús”.

Un sin número de referencias pueden  explicar las funestas consecuencias del latrocinio  de los bienes públicos: Que 62 personas sean más ricas que la suma de riquezas de 3.6 mil millones de personas, es más que escandaloso. Y que de esas 62 personas más ricas del mundo, 59 sean hombres y sólo 3 sean mujeres, nos muestra juntas todas las aberraciones de la “civilización occidental”.

Una civilización que bajo la bandera de la “preservación de la democracia” continúa miles de  años de dominación, exterminio, rapiña, esclavitud, servilismo, gamonalismo, y apropiación total de los bienes duramente producidos y construidos por los pueblos del mundo.

Con el pretexto de “erradicar el terrorismo” o “impedir la invasión de inmigrantes” se pretende ocultar las grandes desigualdades socio-económicas generadas durante estos miles de años de oprobio y humillación.

Sobre el particular, existe algo substancial a precisar de inmediato. Una cosa son las desigualdades y otra, muy distinta, son las diferencias.
Las diferencias entre personas, como entre los dedos de una misma mano, son de orden físico, intelectual, e incluso psíquico. Las diferencias tienen relación directa con las particularidades de cada ser humano. En cambio, las desigualdades tienen una naturaleza muy distinta.

Que la mayoría de la población mundial nazca pobre y muera extremadamente pobre, o que unas cuantas personas nazcan ricas y mueran inmensamente ricas, no tiene ninguna relación con la naturaleza propia del ser humano.

Este fenómeno obedece a una forma de organización socio-económica impuesta a sangre y fuego. Además, este modus vivendi bien interiorizado en nuestro comportamiento, es relativamente reciente en la Historia de la Humanidad.
Este es el tema central de este libro: mostrar la causa fundamental de estas grandes desigualdades socio-económicas así como su alternativa de solución, en la teoría y en la práctica. Otro mundo es posible.

Como dice Aníbal Quijano, “Ya no es suficiente resistir a la globalización neoliberal. Las conquistas que nos han sido robadas en los últimos 40 años no serán restauradas. Ahora es necesario, urgente en verdad, pasar de la resistencia a la alternativa.”

¿Repartición o Distribución?
La noción de Repartición, tal como lo dicen  los autores de este libro, responde a la pregunta: ¿a quién pertenece la totalidad del resultado de la actividad económica?. Es un concepto crucial en toda la exposición de este texto, y difiere en su contenido de la noción de “distribución” que es utilizado por los economistas clásicos, neoclásicos, e incluso Karl Marx.

Esta preocupación tiene diez mil años de antigüedad. Y solamente en el siglo que ha transcurrido, millones de personas han entregado sus vidas en aras de vivir en otra sociedad, en otra economía. Una tras otra, las revoluciones han fracasado, comenzando por las dos más célebres de todas ellas: la Revolución de Octubre de 1917 que construyó la Unión Soviética, y la Revolución China de 1949 liderada por Mao Tse Tung.

En este  siglo, más temprano que  tarde, se espera que la tecnología  de  la  información, que va creando  nuevas alamedas  de discernimiento  y acción, los  Estados  apuesten por la paz, abriendo  oportunidades para el desarrollo individual  y colectivo de todos sin excepción.