Papel de Arbol

miércoles, 25 de marzo de 2015

LA MÚSICA EN TODAS LAS SANGRES, según LA LIRA DE HUAYLAS



http://www.elmercuriodigital.net/2015/03/la-musica-en-todas-las-sangres.html#.VRQvoI4kldg
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Por Jorge Zavaleta  Alegre
“Para la pena o para  a  la alegría, el indio siempre tiene un canto”, José María Arguedas, versión comentada por  David Flores Vásquez.

David  Flores Vasquez, abogado, docente y apasionado  músico,  es un estudioso y promotor de la música  como elemento inseparable  de otras manifestaciones del arte, en el complejo camino de construcción de la identidad  de un pueblo. 


Su opinión sobre JM, como actual director del grupo La Lira Huaylina, nos ayuda a comprender mejor la trascendencia de la música en la articulación  de la sociedad y por cierto en la producción literaria del  autor de Todas las sangres. Así lo entendieron también  los  músicos y directores          la Lira Huaylina o Lira de Huaylas: Rodomiro Flores Vásquez, primer Presidente;  Luis Espinoza Alcedo, primer Director, cuya familia auspicia una excelente  grabación de su autoria;  Julio Sánchez Aguirre, Tesorero. Socios fundadores; Ricardo Cortez Espinoza, Aurelio Maza, Horacio Villafana Villafana, Secretario de Cultura, Filemón Villar Alba, Rigoberto Cox Peregrino, Edgardo Villar Alba y Diógenes Villar Alcedo, Secretario. En el 2015,  enriquecen el  grupo Luis  Florez Vásquez,  Sergio Vergaray, entre otros.

El comentario viene a propósito de un reciente libro Todas las sangres, patrocinado por el Ministerio de Cultura del Perú y  Editora Carmen Pinilla, investigadora y docente de la PUCP, para conmemorar los 50 años de publicada esta novela, que junto a Conversación de la Catedral, de Mario Vargas Llosa, condensan el debate sobre el Perú, desde vertientes contrapuestas y múltiples aportes como el  Carlos Eduardo Zavaleta en su obra Los Aprendices, escritor nacido en Caraz-Ancash,  agregado cultural del Perú en  Londres, Madrid, México y Bolivia.


JMA, literato y antropólogo, amplía su contribución al conocimiento de la cultura andina,  gracias a  su pasión por  la música y la danza. Estaba convencido de que las danzas indias del Perú, son símbolos y constituyen todo un lenguaje del pueblo.  Entre su vida y su obra (literaria y antropológica), resalta su doctorado en Etnología en la Universidad de San Marcos, para respaldar su conocimiento vivencial y sus ideales. La familiaridad suya en la niñez con los quechuas de la sierra central y sur del Perú, lo llevó a considerar que los rasgos culturales andinos además del quechua son el folklore musical, la arquitectura popular y la danza de las tijeras.

Arguedas utilizó la música, y  no fue de manera casual si no como parte importante de la cultura de la gente de los pueblos con la que el convivio y compartió los momentos más felices de  su vida y de quienes aprendió y logro poseer esa gran sabiduría.  Trata de revelar o reflejar que JMA contribuyó a  transmitir, enseñar la forma indígena de cantar y que no solo se trataba de aprender los cantos, sino de adentrarse en el canto mismo. Y es que la forma del canto viene a ser una parte muy profunda de esta cultura.

ARGUEDAS EN HUAYLAS
David Flores Vásquez  refiere que la mamá de Guillermo Krstulovic Altamirano, hermana de J. María, se llamó Rosa. Por cierto que yo no la llegué a conocer.
Nunca supe cómo mi profesor de Matemáticas Arístides, hermano de José María, llegó a Caraz. Sería interesante saberlo. Recién con el tiempo, cuando José María adquirió notoriedad se supo que eran hermanos.

En  cuanto a la música que encandiló a Arguedas habría mucho que decir. Ocurre primero que Ayacucho, (todo el Departamento) tiene vocación musical y algo debe existir en el alma de la gente que le brota con un dejo de  tristeza, de lejanía, de angustia. Quizá el huayno "Huérfano pajarillo" es su mejor expresión o, en todo caso, una de las mejores.

Por alguna razón se me metió en la cabeza (y esto no tiene prueba alguna) que esto se retrotrae a los primeros años de la conquista cuando las huestes de Almagro caen derrotadas en la batalla de Chupas. Es evidente y cierto que esos soldados derrotados de "desparramaron" por Ayacucho rumiando su tristeza. Los vencidos, en esos tiempos, no estaban en condiciones de irse muy lejos ni de pedir nada.

De pronto por eso aparecen por allí los "Morochucos" consumados jinetes que devoran las pampas de Cangallo. Estos son para mí, herederos de las huestes de Almagro y por eso verás, incluso campesinos barbados, de tez blanca y ojos verdes. Ellos se quedaron y se asimilaron a las tierras que, finalmente, los acogieron como suyos. Pero al problema  de sus ancestros se sumó obviamente la sobriedad y severidad del paisaje. La distancia a las grandes ciudades. Huamanga, antes de los españoles (o Ayacucho, rincón de muertos) se fundó como punto de descanso entre Lima y Cusco.

“La etimología de sus dos nombres es fiera. Ayacucho, denominación de la quebrada inmediata a Quinua y al lugar de la batalla de la Independencia significa rincón de muertos, por la carnicería que a fines del siglo XVIII hizo el Inca Rocja  en los pocras rebeldes. Huamanga, que existió en las  cercanías de la población actual, quiere decir “hártate halcón…  porque el Inca Huiracocha  tras de domeñar nuevamente  a los pocras, dio de comer en el llano de la contiende, carne fresca  al ave predilecta  de cetrería que llevaba consigo y que se le posó  en la cabeza como un augurio de victoria y de absoluta dominación” (Paisajes Peruanos, José  de la Riva Agüero)

Después deriva en San Juan de la Frontera, siempre en función de distancias y lejanías. Si a esto se añade la severidad y solemnidad de sus iglesias y el recogimiento de la gente, podríamos convenir que todo esto acuna un sentimiento musical tristón y evocativo que solo se disipa en parte en los carnavales en que la música es más alegre y festiva lo que normalmente deriva por eso a  ejecutarse en nota "mayor".

He divagado en este tema, pero si me permites, deseo añadir algo: Mi encuentro con la danza de las tijeras: Debe haber ocurrido por los años 1953 o 1954 en que fui a casa de mi primer amigo en la Universidad Católica, Hernán Bendezú Berrocal, que hace año y medio nos dejó. Obviamente tuvo que ser un 20 de agosto, fecha de sus cumpleaños pues si yo no asistía, por alguna razón, se resentía hasta el año siguiente. El era ayacuchano (Distrito de Aucará, Provincia de Lucanas).

Estaba toda su familia más algunos paisanos suyos. La reunión estaba amenizada por un arpista y un violinista, mismo Máximo Damián. Recuerdo que los asistentes, especialmente las chicas, se acercaban al arpa y cantaban sus huaynos ayacuchanos "cajoneando" el instrumento para remarcar el compás. Las canciones fluían con facilidad, obviamente cargadas de nostalgia por la tierra ausente.

De pronto advertí un cambio de ritmo frente al huayno pausado y tristón, ritmo en el que el violín se convirtió en guía. Yo no había escuchado antes ese ritmo. Todos los asistentes seguían con las palmas hasta que Hernán, como "dueño del santo" pidió  dos "expontáneos". Se lanzaron al ruego dos muchachones que frisaban los veinte años y sin más empezaron con saltos y acrobacias,  levantando la mano derecha "como que cortaran algo con tijeras" doblando los pies hasta casi pisar "de lado".

Era una especie de desafío en el que los contendientes dieron muestra pareja de calidad. Recuerdo que algunos les arrojaban algunas monedas. Las palmas de los presentes premiaron a ambos por igual. Después supe que había asistido, por primera vez, a la "danza de las tijeras", pero sin tijeras.

Hubo que pasar un buen tiempo para que admirara esa danza acrobática, con el precioso atuendo, en Coliseos o, incluso,  en el Hotel Sheraton para  admiración de los turistas.

Con el tiempo entendí bien porqué Arguedas puso en el tapete este baile y porqué Máximo Damián se convirtió en su gran amigo.  Perdona, estas líneas, pero los dedos se pusieron a "teclear" con cierta fluidez. Un abrazo: David  FloresVásquez.

--En tres de sus obras como: “Yawar Fiesta” donde menciona a los danzantes; en “La Agonía de Rasu – Ñiti”, describe la vida de un danzante; y  en “Los Zorros de Arriba y los Zorros de Abajo”,  narra como el danzante del mundo andino se enfrenta  a la presencia de los españoles que quisieron imponer su cultura y religión.

JMA antes de morir, dejó escrito que en su sepulcro lo homenajearan con la Danza de Tijeras. La musicóloga Chalena Vásquez incide  que Arguedas  perfila contextos, paisajes sonoros, a los  mismos personajes y  a la cultura Andina, donde describe las prácticas artísticas de la vida cotidiana, el trabajo que está vinculado con la naturaleza de cómo puede influir la interpretación de la música en los estados de ánimo de las personas.
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