Papel de Arbol

lunes, 15 de febrero de 2021

LOS REPUBLICANOS: SU PAÍS O ¿SU PARTIDO?. UNA MIRADA DE LATINOAMERICA Y ESPAÑA

 

https://diario16.com/los-republicanos-el-pais-o-su-partido/

  
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Desde el país Andino, Sudamericano llega a la ciudadanía de los EEUU una  lección que sorprende al mundo. Después de varias décadas de inestabilidad y destrucción  de sus  mejores embriones democráticos, sorprende al mundo, cuando la mayoría absoluta de su renovado Congreso unicameral  aprueba la eliminación de la “Inmunidad Parlamentaria”, que ha servido a lo largo de décadas de  vigencia la protección absoluta para infinidad de delitos en agravio de  millones de peruanos, inclusive el vivo interés  de lograr la liberación  de los presos que en los años 90 se llevaron la caja fiscal y cometieron delitos de lesa humanidad.

Volvemos a Washington, para señalar que el Senado absolvió a Donald Trump de incitar un ataque al Capitolio de Estados Unidos con resultados fatales. Para las democracias del mundo, según las primeras  opiniones al conocer la reciente  decisión, se pone en clara evidencia la fragilidad de las administraciones.  Asistimos al absurdo. Se ha puesto  en segundo plano la opinión de los electores y  se ha actuado con  subterfugios para  conservar un poder que no es el sentir de los electores.

Se pretende callar la violencia: cinco muertos frente al Capitolio, y una serie de hechos irregulares que consideran que la vida no  es relevante. Es más,  ni la claridad de la votación de 57-43 a favor de condenar al “golpista”, no  es suficiente.

El Senado tiene formas que desdicen el sustento de una decisión, Siete republicanos “rompieron” con su partido al hallar a Tremp culpable. Pero no basta, lo que importa es defender el interés de un sector y no de la voluntad popular. Tras la absolución, el republicano mantiene su poder sobre los republicanos y culpan al nuevo presidente electo del partido Demócrata, como culpable del desorden en las calles por compartir el derecho de migración.

Trump supera su segundo ‘impeachment’ y juega con volver a la política. La ausencia de justicia, de sinceridad con los nobles objetivos que  implica gozar de un  sistema de  equilibrio en las decisiones, los senadores prefirieron callar y traicionar a la historia, a sus precursores que construyeron el mejor sistema de gobierno que es la democracia. ¿Qué razones pueden valer que para gozar de mayoría tiene que haber una diferencia de 17 unidades y no de 51?, se pregunta un cronista de la BBC desde Londres.

Trump es el único presidente que ha pasado dos juicios políticos y es el primero que lo hace luego de dejar la Casa Blanca.

Un condensado de la información de la BBC, DPA; EFE, Diario16, El Mercurio y de sociólogos y psiquiatras considera que el breve proceso parlamentario, ha ofrecido una narración sombría y explícita de los disturbios del 6 de enero y de sus consecuencias para el país de una forma en que los senadores, muchos de los cuales tuvieron que salir huyendo ponerse a salvo ese día, reconocen que siguen enfrentando.

 Los fiscales de la Cámara de Representantes han alegado que el grito de guerra de Trump para ir al Capitolio y “luchar como demonios” por su presidencia mientras el Congreso se reunía para certificar la victoria electoral de Joe Biden, ha sido parte de un plan  de retórica violenta y denuncias falsas que desataron a la turba. Reiteramos, cinco personas fallecieron, incluyendo una participante en el asalto que fue baleada por un policía.

Los abogados de la defensa respondieron que las palabras de Trump no buscaban incitar a la violencia y que el juicio político no era más que una “caza de brujas” diseñada para evitar que vuelva a ocupar el cargo..

No ha sido suficiente que la Cámara de Representantes aprobara por 232 votos frente a 197 la resolución para acusar al presidente de «incitación a la insurrección» por los violentos sucesos  en el Capitolio.

No es una exageración. Desde Buenos, Lima y Guayaquil grafican el momento difícil para la principal democracia del continente. El problema político no termina con el fallo errado del Senado de Washington. Este absurdo incita a más violencia, a la justicia por sus propias manos. Y al mayor despertar de las embrionarias democracias al sur del Rio Bravo. La Democracia débil deriva en la fragilidad de la administración de justicia, de la economía. Es un todo lo que se afecta.

Veamos  la película “El secreto de tus ojos”,  en su versión Argentina –Española y/o de Hollywood  nos puede ayudar a comprender el peligro de no cuidar la Democracia y sus instituciones como el poder judicial o las fuerzas del orden. Esta es la conclusión que llegamos al terminar esta crónica y el diálogo con quienes sienten que no caminamos por el sendero correcto, que soñaron nuestros padres. Pero no es solo la pandemia que invade al planeta es la gobernanza en función de los sagrados principios de la Vida con oportunidades para todos. 

                 Jorge Zavaleta Alegre , América Latina. 


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domingo, 14 de febrero de 2021

PSICOANALISIS ESTIVAL 1968-2021. Jorge Zavaleta Balarezo

 

https://letralia.com/letras/narrativaletralia/2018/08/24/psicoanalisis-estival/

TEXTOS DE NARRATIVA

Psicoanálisis estival

Jorge Zavaleta Balarezo

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Cuando llegan las seis de la tarde —esa hora que encierra, juntas, incertidumbre y esperanza—, desde el malecón de Pucusana se observan las ondas marinas, furiosas, en un constante devenir, hambrientas de venganza. Los minutos, a la par, persisten en su paso hasta que el sol —un círculo amarillento, casi rojizo— se esfume, tragado por la tierra, allá en el lejano horizonte, cediendo, aunque de mala gana, su lugar a la tenebrosa oscuridad: símbolo eterno de la noche que todo lo cubre, tratando de comportarse como un bondadoso ogro mitológico.

María surge de pronto, caminando con lentitud. En la playa, las olas remueven las piedrecitas, las cambian de posición, queriendo dar a entender aún más —¿por qué serán tan obstinadas?— su consabida superioridad. Los pasos de ella —intentando detenerse de a pocos— son certeros.

Son pasos que imitan los tiros al blanco, escuchados hasta hace poco: tiros de cazadores practicando antes de sus matanzas, por las tardes. Su piel, a pesar de la oscuridad marina del momento, se advierte bronceada, aunque es blanca de origen. Cubierta por prendas fugaces. Los tiros están dispuestos a herir o matar aves indefensas, inquilinas de ese cielo límpido, un manto con blancos adornos gaseosos. Una blusa crema con botones del mismo color, semiabierta, provocando, sugiriendo. Sonreía. Un pantalón de esos popularmente llamados calientes, un short, azul y desteñido.

Ella le sonrió, pero no se detuvo. Continuó descendiendo las escaleras, tratando de alcanzar el océano. Él sí se detuvo. Alelado. Aturdido.

Él se cruzó con la esbelta figura cuando se aprestaba a bajar las gradas de concreto, camino a la orilla. Si ella fuese como la prenda y quizá más, quizá ardiente, la alegría, visitante oportuna, aumentaría. Allí, ausencia de gentes. Pucusana, la apacible caleta al sur de la metrópoli, tiene más barcos que personas. Ondas y ruidos parecieron tranquilizarse por la soledad presente. La caleta es portadora de una espléndida hospitalidad, con sus restaurantes dispuestos a recibir acalorados, sedientos clientes, y sus casas blancas, con agua para vender en las puertas, dicen traída de muy lejos, nunca de dónde.

Esa noche, desacostumbrada a visitantes así, se preparaba a recibir la exclusiva forma de la damisela de paños llamativos, seductores, fugaces. Eróticos. Él, sin quererlo, empezaba a conocerla. Luego —apenas unos instantes posteriores, deseándolo ahora— a amarla. Una población tranquila. Un lugar acogedor, frecuentado por familias enteras, ávidas de ocio, placer —¡ah!— y diversión —¿qué más podía hacerse?— en la época estival.

Al principio no entendió o no quiso hacerlo, esa enternecedora sonrisa canicular —sí, porque el veintiuno de diciembre estuvo aquí y esta era su secuela—, mostrada por unos dientes blanquísimos, partes de una boca romántica… labios carnosos, rojizos…

Ella le sonrió, pero no se detuvo. Continuó descendiendo las escaleras, tratando de alcanzar el océano. Él sí se detuvo. Alelado. Aturdido. Sus pies se negaban a dar pasos. Su cuerpo, él mismo, no sabía qué hacer, qué decir, qué plantearle o proponerle a esos hermosos ojos incansables.

Se recostó en la arena. Su cuerpo delgado, su blusa enterrada. Con la grava y arena formaba un trío desentonante. Grava y arena, grises y frías. No importaba. También, en el suelo natural, los largos cabellos rubios descansaban. Cerca, un rompeolas dejaba escuchar el ondulante pero sobre todo violento recorrido marino, intentando rendirle a ella un homenaje que aceptaría como otro cumplido —debía estar demasiado acostumbrada—, nada especial —pensaría—, recibido con una fingida indiferencia.

Bajó por fin a tratar de conversarle.


Primero la miró. Ella, aunque no lo distinguía, buscaba el horizonte. Las estrellas los acompañaban, tan lejanas y útiles a la vez, sin encapricharse, sencillas, iluminando desde donde estuviesen así sólo vivieran en ilusionadas mentes. Necesitaba hablar con alguien. Él lo advirtió. Para fortuna propia, era el único interlocutor posible en millas… y el más avezado.

Nombre. Dirección. Teléfono. Gustos. Manera no muy excéntrica, suponía, de iniciar una conversación. Tanto para averiguar de una amiga recién hallada, una amante en potencia. Optimismo. Intuía su nombre, su rostro era elocuente. Nombre de virgen, no te equivocaste. Recostada y pensativa, qué pensaría sobre su presencia. Seguro cavilaba en el próximo día, cuando, era una costumbre, ese círculo brillante resurgiese de su exilio y volviera a iluminar el paisaje, a aclarar el pueblo.

Por la mañana, los pescadores irían a encontrarse con el alimento y la mercadería. Irían en sus bolicheras, lanchas carcomidas por el tiempo eterno. En el pueblo, los heladeros buscarían clientes deshidratados. Ahora, sin embargo, era de noche. Las luces se mostraban muy pálidas y ella seguía echada en el borde, en las orillas veraniegas casi tibias, sintiendo la brisa y balbuceando, al comienzo, algo, queriendo dar a conocer tantas cosas que, de pronto, tenía metidas en la cabeza.

Su mente daba vueltas. Sus pantorrillas sufrían escalofríos y sus huesos, entumecidos, se negaban a otro movimiento, ni uno más siquiera, así fuera leve. Retornó a la orilla.

Se despojó de su blusa. En pantalón corto y la parte superior del bikini entró al mar. Estaría gélido a esa hora. Ella extrañaría al sol pero se conformaría con mojarse, remojarse en esas aguas abandonadas al momento por el calor. Ella se bañaba y riendo salpicaba espuma: luego empezaron sus carcajadas. Él quiso unírsele. Sentía ese éxtasis, como en la película de Hedy Lamarr, tanto como la mujer que seguía internándose entre las olas a manera de móviles arenales. La ropa no se despegaba de su cuerpo. Le privaba de la tentación. Mejor, de la acción.

Escuchaba su risa, similar a la de una histérica, no sabía por qué, y recordaba la conversación de antes. Su nombre, su apellido. Él se presentó. Luego ella, con entusiasmo. Muy cerca, a pocos metros de ellos, se divisaba la isla de rocas negras, una especie de pequeño acantilado. Hablaron de pintores flamencos, de El año pasado en Marienbad en cine club, de Thomas Mann, de la literatura que él estudiaba en la universidad. La convenció para llevarla a almorzar. Se refirió al siguiente campeonato de vóley, al teatro en la ciudad. ¿Y la urbe? ¿Cómo estaría? Más allá de vomitar humo, uno de sus goces inevitables, otros hechos estarían ocurriendo. Los autos iban hacia ella, por la vieja carretera, a contaminarla con sus tubos de escape y anunciando su llegada con el infernal chirrido de relucientes llantas.

María dijo me voy y sus brazadas, tan ágiles y sorprendentes, la alejaron de él, de su vista, y la contagiaron de mar, de agua salada, de infinitud. Trató de ubicarla. Era tarde. La inmensa oscuridad del cielo impedía cualquier pesquisa. Se perdió con rapidez entre las olas o desapareció tras las rocas negras. Esperó quince minutos y no la veía. Se impacientó. Transcurrió un rato, largo, nervioso. La madrugada reemplazaba a la noche y él se decidió a investigar.

Dónde estarían los largos cabellos rubios. Dónde las piernas bronceadas a plenitud y exhibidas en secreto. Dónde la mujer dichosa y sonriente. Tenía esperanzas de poder encontrar su figura, escuchar otra vez su voz, ver su cuerpo entero y plácido. Se zambulló en el agua y nadó hacia la isla. Unas cuantas algas y otros tantos erizos fastidiaban el recorrido. Buceó un poco. No estaba por allí. Quiso ser un submarino para explorar las profundidades a ver si la ubicaba flotando entre el reino de lo desconocido.

Su mente daba vueltas. Sus pantorrillas sufrían escalofríos y sus huesos, entumecidos, se negaban a otro movimiento, ni uno más siquiera, así fuera leve. Retornó a la orilla. Tomó sus prendas que evidenciaron fidelidad mientras su dueño luchaba entre los límites marinos.

Se encaminó al pueblo. Pucusana debería estar durmiendo. Qué hora sería. Ya el tiempo no importaba, nunca importa. Era el momento, él con el cuerpo mojado —agotado y friolento— podía sentirlo, de las brujas que quedaban de primavera y de los mostrencos veraniegos que soltaban sus hechizos, cometían sus travesuras horrorosas tantos días, que, esta noche, la luna, tímida, se negaba a salir, a presentarse entera.

Llegó a su casa. Se acostó, rendido. Los gallos cantaban con sonora insistencia. No cesaban sus llamados a los durmientes, sus afinados coros se convertían en sinfonías prematinales. El sol brillaba otra vez, entró por la ventana con intensidad hiriente, molestando sus ojos, obligándolos a abrirse. Los gallos y el sol, el estío y la naturaleza con su vehemencia le dijeron levántate y estaba incorporándose, dejando, para no perder la costumbre, la cama sin hacer, cuando llamaron a la puerta.

No recordaba mucho de lo ocurrido horas antes. Olvidó sus posibles culpas y su nueva —misteriosa— amistad. Un oficial con revólver al cinto, de esos tipos que usan uniforme y armas para intimidar y nunca lo logran, se presentó y solicitó —él lo dijo así— su identificación.

Pudo rememorarlo. Ella. María, ese nombre flotando en su sueño. El ofrecimiento a almorzar. Febrero era el mes de la canícula por excelencia. El cine club de la ciudad de la torre. Que cuál es su nombre. Era periodista. Que en qué periódico. Las cimbreantes tanguistas disfrutaban, apenas el sol nacía, de su estada en el balneario. No tenía trabajo estable ni pensaba conseguirlo. Algunos caballeros, la mayoría tímidos, miraban a las bellezas desde el malecón. Que qué hacía aquí. A usted no le importa. Unos golpes verbales hábilmente intercambiados. Le tocaba interrogar. Lo haría con gusto. Con suspenso. Con temor. Que qué querían de él. El guardia no mencionó para nada a María y menos a una chica que yacía en el mar, flotando sobre las aguas con la boca abierta, mirando al cielo, esperando ser levantada por ángeles anónimos, quizá hasta pecadores.

Era una simple revisión, un tipo de censo, le dijeron. De la sociedad podía esperarse cualquier acción y más aún de sus fuerzas represivas. Los autos jugaban a perseguirse en las curvas del cerro, mole pétrea indestructible que protege, aunque no está cerca, el poblado. Los niños seguían pensando cómo mejorar sus habilidades arquitectónicas a la par que contemplaban el derrumbe, para ellos una catástrofe, de sus castillos arenosos medievales. Fácil era hacer tortas, no construcciones fortificadas.

Retornaba a su lecho, pero llamaron nuevamente a su puerta. María rubia y fascinante. Y no era (¿o sí?) un fantasma. Con la blusa transparente y húmeda. Riendo, por variar, quizá. Preguntándole si estaba asustado o si se había entristecido. Pidiéndole un refresco. Sonriendo con sus dientes blanquísimos. Decidida a contarle toda su vida. Diciéndole que no tenía nada que hacer. Ofreciendo preparar el almuerzo, la cena: me quedo a dormir si quieres, me portaré bien. Una niña contando cuentos de hadas. Él no comprendía esta situación, su actitud aparente, su modo de ser, su comportamiento, sus complicadas intenciones amorosas impersonales. Cuál era su mundo interior. Trató de ser psicoanalista. Ella, hablaba del mar.

Las personas presentes en la defensa escucharían atentas, quizá hasta estupefactas, aunque el caso no era tan novedoso, pero sí hiriente para el principal implicado, es decir él mismo.

Le dijo chao al dejarlo en una esquina de la avenida Pardo. Mañana te veo. Pasaron los días, las horas, interminables, los minutos angustiosos, los segundos como valiosas gotas de un antídoto vital. Pasaron las semanas, los meses. Un año. Le salían canas, ficticias, y su espera se prolongaba infinita, misteriosamente. ¿De veras se ahogaría en el mar aquella noche? Qué sería de ella. El auto con la placa de rodaje (LOVE8$) circulando por la tierra. Ella y sus ojos llamativos, guiñándole, permanente en sus sesiones oníricas, en sus despertares sudorosos.

Playa del Sur de Lima. July Balarezo 1944-2017.
Compró un diario. Leyó la página cultural. Confirmó sus sospechas. Esa tarde, la señorita María… sustentaría su tesis para optar el grado de doctora en psicología en la universidad urbana. No continuó las líneas.

Imaginaba el resto. Una estudiante, futura psicoanalista, conoce a un hombre e intenta examinarlo con extrema suspicacia. Ella corre al mar, se esconde. El paciente, ignorante de que es tal, no la sigue y la deja ir. Ella aparecerá en su casa y averiguará, por testimonio personal e inconsciente, todo cuanto necesita saber de él, un falso amigo, un falso amante. Anotó la dirección del auditorio. Se interrogó sobre su próximo paso. Las personas presentes en la defensa escucharían atentas, quizá hasta estupefactas, aunque el caso no era tan novedoso, pero sí hiriente para el principal implicado, es decir él mismo. El jurado pensaría en el paciente. En el armario del dormitorio encontró el revólver, igual que en las películas. Lo limpió, lo introdujo en una bolsa de plástico, luego en el bolsillo interior de la chaqueta. Salió rumbo a la universidad. En el camino, mientras el auto patinaba en la autopista Ventura, se descerrajó, con violencia, un tiro en la sien, segundos después de pensar en lo imposible. En ella. En María

jueves, 11 de febrero de 2021

EL EXITO DE ITALIA CONTRA LA II PANDEMIA. Jorge Zavaleta Alegre

 

Roma la ciudad con el mayor turismo del mundo, ahora está casi solitaria, inclusive los domingos en que el Papa sale al balcón de El Vaticano a predicar la paz en la tierra.

La capital de Italia, que fue el epicentro de la pandemia de coronavirus en marzo del 2020, ahora Italia está conteniendo el embate de la segunda ola de la enfermedad mucho mejor que varios de sus vecinos europeos, señalan los informes de la OMS y la prensa europea.

Hace unos meses, el caso de Italia sorprendía al mundo por la rapidez con la que el virus se propagaba y se cobraba vidas. Ahora, las cifras que presenta Italia son mucho mejores, e incluso relativamente bajas para el contexto europeo.

En la pasada primavera, España e Italia iban de la mano, en cuanto a cifras de contagio y muertes, y las medidas adoptadas por las autoridades. Pero de pronto Italia pasó a ser la región con mayor índices de contagio.

Ahora, sin embargo, la situación en uno y otro país no guarda paralelismos. El Coronavirus en Portugal llegó al borde del colapso por la pandemia y se vio obligado a enviar a pacientes graves a cientos de kilómetros.

En Chile la pandemia ha logrado mantener a raya el covid-19.

Mientras la tasa de incidencia acumulada en 14 días (el número de casos notificados en ese período de tiempo por cada 100.000 habitantes, número clave para determinar la velocidad a la que avanza el contagio) llega a los 33,5 en Italia, en España asciende a los 300,5, según los últimos datos del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés).

En Francia, la tasa de incidencia acumulada es de 185,8, mientras que en Reino Unido es de 69,3. En Alemania es de 25,8.Centroamérica Cu

Dos personas con mascarilla frente al Coliseo de Roma.
GETTY IMAGES

Pie de foto

Fue el epicentro de la pandemia de coronavirus en marzo, pero ahora Italia está conteniendo el embate de la segunda ola de la enfermedad mucho mejor que varios de sus vecinos europeos.

Hace unos meses, el caso de Italia sorprendía al mundo por la rapidez con la que el virus se propagaba y se cobraba vidas. Ahora, las cifras que presenta Italia son mucho mejores, e incluso relativamente bajas para el contexto europeo.

La comparación más obvia surge con España.

En la pasada primavera, ambos países iban de la mano, y lo que ocurría en Italia, en términos tanto de las alarmantes cifras de contagio y muertes como de las medidas adoptadas por las autoridades para contener la pandemia, se replicaban en España dos semanas después.

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Final de Quizás también te intereseMientras la tasa de incidencia acumulada en 14 días (el número de casos notificados en ese período de tiempo por cada 100.000 habitantes, número clave para determinar la velocidad a la que avanza el contagio) llega a los 33,5 en Italia, en España asciende a los 300,5, según los últimos datos del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés).Los rebrotes de coronavirus en España que generan preocupación en el resto de Europa

En Francia, la tasa de incidencia acumulada es de 185,8, mientras que en Reino Unido es de 69,3. En Alemania es de 25,8.

La tasa de mortalidad por cada millón de habitantes en los últimos 14 días es de 2,6 en Italia, mientras que en España es de 22,9; en Francia, de 8,6; en Reino Unido 3,2 y en Alemania 0,7.

Gráfico del numero de casos en países europeos.

Pese a que estas cifras sugieren que la epidemia se mantiene bajo control en Italia, las autoridades del país se mantienen cautas y evitan los comentarios triunfalistas.

De hecho, el primer ministro, Giuseppe Conte, ha pedido a los italianos en varias ocasiones que se mantengan vigilantes.

Pero en cualquier caso, la pregunta que surge para muchos es: ¿qué está haciendo bien Italia?

Expertos consideran que no hay una sola respuesta, sino una combinación de factores: una reapertura gradual, buena capacidad para hacer tests y rastreo de contactos, medidas estrictas de seguridad y disciplina individual.Confinamiento estricto y levantamiento progresivo de las restricciones

Italia fue el primer país occidental en ser golpeado por el virus, en un momento en que se sabía muy poco sobre el mismo y sobre su transmisión.

También fue el primer país occidental en adoptar medidas estrictas de confinamiento -primero a nivel regional y luego nacional (el 10 de marzo)-, que incluyeron restricciones a la movilidad y el cierre de los negocios (a excepción de supermercados y farmacias).

"El confinamiento fue muy estricto en Italia", recuerda en diálogo con BBC Mundo el epidemiólogo y profesor de la Universidad de Milán Carlo La Vecchia. "La epidemia se concentró esencialmente en Lombardía (norte). Cuando se decretó la cuarentena nacional, el centro y el sur del país no tenían un alto número de casos".

Italia no fue de los primeros países en levantar las restricciones, y cuando lo hizo, a partir del 4 de mayo, lo hizo gradualmente, y eso, para La Vecchia, permitió un mayor control de la epidemia en los primeros meses del verano.

En un primer momento sólo se permitió la movilidad a nivel regional, y aunque ahora ya se amplió a todo el territorio nacional, en los trenes, por ejemplo, hay límites de capacidad de ocupación.

Plaza del Duomo, en Milán.
GETTY IMAGES

Pie de foto,

Esta imagen de la plaza del Duomo en Milán fue tomada una tarde de principios de junio, después de que se empezara a levantar el confinamiento.

Además, en Italia continúa vigente el estado de emergencia debido a la epidemia, que expira a mediados de octubre y otorga mayores poderes al gobierno central y a los regionales, lo que facilita tomar decisiones con mayor agilidad y reaccionar si hay un aumento de casos.

De hecho, por ejemplo, a mediados de agosto, cuando se registró un incremento en el número de casos, el gobierno ordenó el cierre de todos los locales de ocio nocturno y el uso de mascarilla obligatorio entre las 18.00 y las 6.00 horas en "cualquier lugar con riesgo de aglomeraciones", incluidos bares, restaurantes y plazas públicas.

Y aquí también entra en juego algo que los expertos consultados por BBC Mundo consideran como un factor fundamental para explicar la actual situación del país: los italianos se tomaron en serio el cumplimiento de las medidas.

Elisabetta Cortis
BBC
If we permit people and children to have a 'normal' life, I'm happy
Elisabetta Cortis
Paediatrician

Disciplina y responsabilidad de los ciudadanos

"El confinamiento duró mucho, fue muy severo y también fue muy respetado", le cuenta a BBC Mundo Julián Miglierini, periodista de la BBC en Roma.

Las medidas restrictivas, como el uso de las mascarillas, siguen siendo respetadas de forma mayoritaria.

Para Miglierini la razón es clara: la sociedad italiana no quiere volver a experimentar algo como lo que vivió el país el mes de marzo.

"Hay gente que dice que el efecto de esos días en la población hizo a los italianos mucho más conscientes de los riesgos", cuenta.

"Los italianos se están cuidando para que eso no vuelva a pasar".

Mujer con mascarilla en el metro en Roma.
GETTY IMAGES

Pie de foto,

Los expertos señalan que los italianos han mostrado una gran disciplina a la hora de cumplir con las medidas para contener el virus.

El periodista considera que hay también una especie de "trauma colectivo" porque a Italia le tocó ser el primer país occidental en ser afectado de una manera muy fuerte por la pandemia.

"Era un momento en el que no se sabía cuál era la transmisión, se sabía muy poco del virus, así que los italianos se sintieron un poco más expuestos en este sentido", explica Miglierini.

"Italia de eso no se ha logrado recuperar y hay mucho miedo de volver a ese escenario de pesadilla para la sociedad italiana".

El epidemiólogo Andrea Crisanti coincide en que tanto el levantamiento gradual de todas las restricciones como el hecho de que "los italianos se tomaron muy en serio todas las medidas para evitar la propagación del virus" son algunos de los factores que explican la actual situación de Italia.

Sin embargo, el profesor de Epidemiología y Virología en el Hospital de la Universidad de Padua y del Imperial College de Londres puntualiza que por sí solos no explican la actual dinámica de propagación del coronavirus en Italia.

Capacidad efectiva de hacer tests

Crisanti señala como un factor importante "que Italia está usando su capacidad para hacer tests y rastreo de contactos".

El número de tests que hace Italia por cada 100.000 habitantes es de 1.018 y la tasa de positivos es de 1,7, según el ECDC.

En España esas cifras se sitúan en los 1.317 tests por 100.000 habitantes, con una tasa de positivos del 10,9. En Francia son 1.554 tests, y una tasa de positivos de 5,4, mientras que en Reino Unido las cifras son 2.715 tests y una tasa de 1,4 de positivos.

La Vecchia considera que sin embargo el número de tests que se hacen no es muy alto, y eso puede explicar el relativamente bajo número de positivos.

No obstante, Miglierini explica que se están haciendo tests en lugares clave, por ejemplo, en los aeropuertos y puertos.

Trabajador de la salud hace la prueba de coronavirus a un viajero en el aeropuerto de Nápoles.
GETTY IMAGES

Pie de foto,

Italia hace tests a los viajeros en los aeropuertos.

Pero para Crisanti hay algo más importante aún, y es que "Italia está haciendo algo más que el rastreo de contactos": es lo que llama "network testing".

Consiste, según explica el epidemiólogo, en que cuando una persona muestra síntomas, se hacen tests a todas las personas en sus redes de interacción -amigos, vecinos, compañeros de trabajo-, sin importar si han estado en contacto o no con esa persona en particular.

"Se trata de no asumir un conocimiento previo de contactos, porque además en muchos casos la gente no recuerda con quién ha tenido contacto, o en qué condiciones ha hablado con alguien", explica Crisanti.

"Así identificamos a un número de gente que está contagiada y que de otra manera se nos escaparía".

"Italia ahora está mejor preparada en el uso de lo que creo que es la estrategia apropiada", considera el epidemiólogo de la Universidad de Padua.

Tanto Crisanti como Miglierini señalan que las próximas dos o tres semanas son fundamentales para ver cómo evoluciona el número de casos, por el efecto que pueda tener la reapertura de las escuelas, que se hizo de forma escalonada durante septiembre.

"Hay una concepción acá de que no se puede cantar victoria porque quizá en dos semanas empiezan a subir los casos, y también el gobierno está siendo muy cauto en ese sentido", dice el periodista.

"Hay una idea de que nos tocó estar por delante de la curva, y ahora estamos por detrás si se compara con España o Reino Unido, pero nadie está cantando victoria".