Papel de Arbol

sábado, 19 de diciembre de 2015

PLANEANDO INCURSIÓN A PALACIO DE GOBIERNO (1978)



Alfredo Filomeno  fue miembro del Comité Ejecutivo Nacional, secretario general de la Juventud DC, secretario general del PSR y miembro del Consejo Directivo de la IU. Sus recuerdos en esta serie  de crónicas  de los años  60-90, ilustran  ahora sobre todo  en tiempos  electorales, a los pobres  de  tiempo  y  de  voluntad por  conocer  el  país que  nos  cobija,  sin perder el optimismo necesario para volver a los  sueños de una  Democracia   Felicitaciones al  equipo  que contribuye con esta  fuente  de análisis,  referente valioso.  Jorge  Zavaleta  Alegre,  Corresponsal  de Diario 16  y  Cambio16 de  Madrid.


Gobierno de Morales Bermúdez. Se había iniciado el 24 mayo de 1978 con la persecución a los partidos de izquierda que participaban de la campaña electoral para los comicios de la Asamblea Constituyente que debía realizarse el 18 de junio y que no cesaría incluso el mismo día de las elecciones (Ver crónica “Hace 35 años fui un papá de la calle” del 24 de mayo de 2013)

Tratábamos que en  las reuniones entre miembros de la Comisión Política del Partido Socialista Revolucionario no participaran más de tres. Y cuando fueran reuniones con otros militantes del partido, taTeníamos casi tres semanas en esta etapa de clandestinidad, la más extensa que viví durante el gmpoco fueran muy amplias, no más de seis o siete personas. Siempre en sitios muy seguros pues la mayoría estábamos en la clandestinidad.

En un pequeño departamento en Magdalena nos reunimos una mañana Rafael Roncagliolo, Marcial Rubio y yo. O Rafo, Malulo y el Flaco, como nos conocían nuestros amigos. Era parte de las evaluaciones periódicas que realizábamos, para cumplir las tareas que debíamos realizar. Marcial mantenía reuniones con los GAP, grupos de acción política, que reunían a 6, 8, 10 o incluso más militantes, particularmente con los constituidos por jóvenes considerando que era un profesor universitario en ese momento cerca de cumplir 30 años. Pese a que trabajaba en DESCO donde ya había sido sub director -y once años después sería presidente- una importante ONG en la que yo también laboraba, no era imposible pensar que la vocación de Malulo por la docencia universitaria que paralelamente practicaba la mantendría toda la vida. Más difícil resultaba imaginar que su vinculación con la Pontificia Universidad Católica lo llevaría a ser Jefe del Departamento Académico de Derecho, vicerrector académico, primero y vicerrector administrativo después y desde el año 2009 rector de esa universidad.


“HAY QUE PENSAR EN UNA LOCURA…”
Una buena parte de la necesariamente corta conversación tuvo que ver con la impotencia de realizar una campaña electoral, por definición momento de gran despliegue de propuestas públicas, en forma clandestina con imposibilidad de realizar actos masivos, con una prensa que nos ignoraba y sólo descansando en la publicidad “boca a boca” de nuestra militancia junto con el reparto de pequeños volantes. Había que buscar formas para que pese a la decisión gubernamental de acallarnos, alguna de nuestras acciones trascendiera…


Una forma importante pero claramente insuficiente eran las osadas sesiones de pintas con nuestras siglas en lugares estratégicos a plena luz del día. Lo hacíamos las tardes que jugaba la selección peruana en el Campeonato Mundial de la Argentina, aprovechando que las calles estaban vacías, sin transeúntes ni policías. Aunque sabedores que la militancia estaba dispuesta a sacrificarse, los dirigentes no llegábamos a extremos: se pintaba solamente durante el primer tiempo de los partidos para dejar que todos vieran el segundo tiempo, incluidos los dirigentes que muchas veces -cuando claramente no corríamos riesgos innecesarios- también participábamos de las “pintas”.
Al terminar la reunión, parados ya los tres, Marcial dijo que teníamos que pensar en algo espectacular, algo que no se pueda acallar, en alguna locura, por ejemplo que Leonidas vaya a Palacio de Gobierno a “cuadrar” a Morales Bermúdez o algo así. Cuando Malulo dijo eso, Rafo y yo nos miramos por unos segundos, mientras nos dirigíamos a la puerta. Salimos con diferencia de un par de minutos a los Volkswagen que estábamos usando, primero Rafo, mientras que yo establecía el momento del siguiente contacto con Malulo.


CON CUATRO COMPAÑEROS QUE NO IMAGINABAN SERÍAN MINISTROS
El departamento en que se alojaba por esos días Marcial era de dos de sus ex alumnos, egresados de Derecho a fines de 1976, y que a esas alturas ya habían obtenido el título de abogados. Con unos cinco o seis años menos que Marcial, serían en los siguientes años docentes también de la Católica y destacarían en el mundo académico. Eran Walter Albán Peralta, quien encabezó la lista de los fundadores del PSR que estaba en orden alfabético, y Francisco Eguiguren Praelli. Esa mañana no los vi aunque la primera vez que contacté a Marcial en esa etapa de la clandestinidad si pude conversar con ellos.


Mientras conducía el auto haciendo tiempo para otra reunión, estaba pensando en muchas cosas, particularmente en la “locura” que Malulo había soltado. Y recordé la ubicación de todas las calles y pasajes aledaños a Palacio. Para eso me ayudó mucho que esas zonas habían sido recorridas cientos de veces por mí durante mi niñez y los primeros años de juventud cuando vivía en el Rímac. Pero además que había visto una serie de cambios arquitectónicos en las semanas anteriores cuando en la clandestinidad necesitaba cubrir “las horas muertas” caminando solo por el Cercado de Lima.
También pensaba en otras cosas como las carencias económicas cada vez mayores para las actividades partidarias. En lo que de ninguna manera pensaba era que mis dos interlocutores de esa mañana serían ministros. De Educación, Marcial entre noviembre del 2000 y julio de 2001, en el breve gobierno de transición de Valentín Paniagua, y Canciller, Rafo a partir del 28 de julio de 2011 en el gobierno de Ollanta Humala. Menos aún se me hubiera ocurrido que Eguiguren sería ministro de Justicia también el 2011 y Albán titular del Interior en el 2013.









¿ERA AUDACIA O LOCURA?
Como la mayoría de las noches en esas semanas, a las ocho y media de la noche del lunes 12 de junio nos encontramos con Rafo y Antonio Meza Cuadra, secretario general del PSR, para hacer nuestra diaria evaluación de la situación política (Ver crónica “Clandestinidad y cafés en Lima” del 16 de febrero de 2013). Fui el último en llegar. ¿Sobre qué crees que estamos hablando?, me pregunto Rafo sonriente. Sobre cómo hacemos para que Leonidas entre a Palacio, le contesté sin dudar. Se nota que ustedes politiquean juntos hace mucho tiempo, dijo riendo Antonio. Desde fines de 1960, concluí.


Efectivamente, como estábamos buscando algún hecho que nos permitiera hacer noticia que pudiera ser trasmitida “boca a boca”, a Rafo como a mí nos impactó la “locura” de la que había hablado Marcial Rubio en la mañana de ese día. Y de eso conversamos en los minutos siguientes. ¿Es posible hacerlo? Nos preguntamos. Vimos pros y contras y concluimos que era posible y comenzamos a hacer un listado de todo lo que tendríamos que hacer.
Un primer punto era conocer la opinión  de Leonidas Rodríguez, presidente del PSR, con orden de deportación desde el 24 o 25 del mes anterior por lo que permanecía en la clandestinidad desde esa fecha. No era una situación de las más difíciles de mantener, ya que habíamos decidido que Leonidas no se moviera a reuniones. Sólo se le cambiaba de casa cada cinco o seis días y éramos a esas alturas sólo los tres que conocíamos dónde se hallaba. Teníamos mecanismos como para que si alguno de los tres fuera detenido, los otros fueran alertados y que nuestro presidente fuera cambiado de lugar. Con Rafo ya habíamos probado fórmulas para alertar al otro sin que el emisario fuera consciente que estaba trasmitiendo un mensaje (Ver crónica “Metralletas en el techo de mi casa” del 19 de julio de 2013).


Con Leonidas habíamos decidido días antes que acudiría a votar el 18 de junio. Teóricamente nadie podía ser detenido ese día, así estaba legalmente establecido. Pero éramos conscientes que ese era el único momento en que la represión tenía seguridad de saber en dónde estaría y en qué día. Lo más seguro entonces era que fuera detenido incluso antes de votar y en el plazo más breve –horas después- se le deportaba para demostrar que las decisiones del gobierno se cumplen. Era cuestión de esperarlo entre las 9 de la mañana y cuatro de la tarde en el local donde quedaba su mesa de votación. En el caso muy improbable que votara y no pasara nada, tomaría un taxi cualquiera -de un militante no conocido que pondríamos en las afueras del local- con dirección a su casa y se le seguiría discretamente y, ante el improbable caso que ningún auto policial apareciera persiguiéndolo, el taxi haría una serie de maniobras para entregarlo a otro auto que lo llevaría a su quinto o sexto refugio.
La idea de ir a Palacio, en el peor de los casos, era adelantar su detención, aunque estábamos seguros que alguna solución se podría encontrar para evitarla. Pero lo primero era lo primero. A la mañana siguiente nos encontramos los tres, con todas las precauciones del caso, en una casa situada en Pueblo Libre, en o muy cerca de la avenida Mariano H. Cornejo, pasando la plaza de la Bandera y la Huaca Mateo Salado. El dueño de casa era un médico simpatizante del PSR y muy amigo de Antonio. No tenía hijos pequeños ni empleada doméstica, lo cual reducía los riesgos que inadvertidamente se comentara con otras personas sobre la presencia de un extraño en la casa.


Desde que comenzó la clandestinidad, Leonidas sólo había estado en las calles las veces que se trasladó de una casa a otra. Estaba literalmente harto de permanecer en casas sin salir, conversando algunas horas al comenzar o al terminar el día con sus anfitriones, considerando que se trataba de personas que trabajaban y, esperando que llegáramos los tres o cuatro dirigentes que teníamos contacto con él, en reuniones necesariamente breves. Por tanto, no dudó en aceptar que siguiéramos adelante con el plan de ingreso a Palacio de Gobierno. En el peor de los casos, se adelantará mi deportación tres o cuatro días, nos dijo. No había mucho tiempo para preparar el operativo, por lo que ratificamos la fecha con que estábamos trabajando provisionalmente: el jueves 15 de junio, es decir 48 horas después.


TERMINAMOS DE PLANEAR LA AUDAZ ACCIÓN
Esa noche Antonio, Rafo y yo afinamos el plan que veinticuatro horas antes comenzáramos a esbozar. Sólo los tres y Leonidas conocíamos el objetivo final y sólo nosotros tres, las tareas que tendrían que confluir para lograr ese objetivo. El detalle de las responsabilidades que encargaríamos a varios de los dirigentes la conoceríamos únicamente cada uno de nosotros. Y esos dirigentes serían informados solamente de lo que le correspondía realizar, aunque les pudiera resultar medio absurdas las indicaciones.


Fijamos lo que cada uno tenía que hacer al día siguiente. Antonio se encargaría de hablar con Leonidas y explicarle el plan y quedar en recogerlo en la mañana del jueves, además contactaría a Oscar Balbuena para que ubique a un compañero que tenía una motocicleta y que pudiera estar el jueves por los alrededores de la Iglesia Santo Domingo... También seleccionaría a una persona de confianza que dos días después recogiera el maletín de Leonidas de la casa del médico en Pueblo Libre y lo tuviera en un vehículo en un punto del centro de Lima y, conseguiría una nueva casa de refugio para el caso que lográramos que no fuera detenido al salir de Palacio de Gobierno.
Rafo debía contactar a varios periodistas extranjeros y decirles a qué hora debían esperar que los recogieran, con todas las advertencias de confidencialidad del caso. Al mismo tiempo organizaría el traslado individual de cada uno de ellos a un local que también tendría que asegurar. Además, tener a los fotógrafos localizados cerca de donde se encontrarían con Leonidas. Asimismo tendría que contactar con el ya destacado periodista César Hildebrandt, que en ese momento trabajaba en la revistaCaretas, para darle la única entrevista exclusiva a un medio de comunicación peruano.


Yo, por mi parte, tendría que hablar con Francisco “Paco” Moncloa, para que organice una conferencia de prensa con los medios peruanos en un local que teníamos en el jirón Carabaya en un edificio a treinta metros de la Plaza San Martín. Por otro lado, debía quedar con José María “Chema“ Salcedo, personero legal del PSR, para que el jueves estuviera en un café cercano a Palacio, pagara su consumo apenas se lo trajeran y me esperara. Aunque Chema no lo sabría hasta unos cinco minutos antes, sería el único dirigente partidario que iba a acompañar a Leonidas a entrar a Palacio.
La noche del miércoles nos reunimos por última vez antes del inicio del operativo. Los tres habíamos podido cumplir con las tareas que nos habíamos encomendado. Volvimos a repasar todo cuidadosamente y dedicamos especial cuidado a la única ruta de escape posible que teníamos para Leonidas y que había planteado yo, considerando que, como ya señalé, conocía bastante la zona. Al despedirnos esa noche lo hicimos con la seguridad que todo saldría bien. Sólo nos quedaba en la mañana siguiente dar la indicación a cada uno de los encargados para que inicien sus tareas. Cuando volví a verlos a ambos no había ya que hacer ningún ajuste al operativo sino que estaríamos en su pleno desarrollo. Pero esa es una historia que relataré en otra crónica.


1 comentario:

  1. Flaco, eres un gran narrador... no es justo que lo cortes en el momento mas importante! trato de comprender de las tensiones y también de lo sacrificado que fue tales roles para Uds. y SUS FAMILIAS.Responder
  2. ..amistades forjadas con la lucha por los ideales. Nefasto golpe de estado a Velaszo. Frustración de un movimiento que como otros dejo raices.
    Un abrazo

LAS FIESTAS SON ARTE Y CULTURA. NO ALTERACIONES DE LA CONVIVENCIA SOCIAL

Nota  del  Editor. La  Economía  Naranja es la  mejor  inversión  para el mundo, precisamente  por el
respeto a  las  culturas y la  simbología  de  la convivencia  humana. 

Francisco Carranza Romero



El baile es expresión emotiva
Todos los pueblos del mundo expresan su emoción bailando. La diferencia está en que unos pueblos, para bailar, necesitan mucho ruido; otros, bailan con música a bajo volumen mesurado pero con ritmo que se siente. En conclusión, el baile es la expresión de alegría y relajamiento. Sin embargo, en el rito andino del entierro de un niño muerto -considerado inocente y angelito- hasta los padres van bailando hasta el panteón. En ese momento triste se baila llorando y la música no es ruidosa; es triste y solemne.

Ruido y baile
Los fines de semana y los días festivos en Lima y en las ciudades importantes del Perú son frecuentes las fiestas con música a alto volumen. Los locales de fiestas, con o sin licencia municipal, no respetan la tranquilidad del vecindario. 

Las ondas acústicas salen de allí a todo el contorno superando los decibeles permitidos. Algunos locales son espacios apenas tapados con techos ligeros. Otros locales cerrados, aunque sean amplias salas de “eventos sociales” (clubes, negocios particulares y salas de reunión dentro de las viviendas multifamiliares), no tienen las paredes y bóvedas cubiertas con sustancias que impidan la trasmisión de las ondas acústicas.

Si la fiesta es en la vivienda de un edificio multifamiliar el problema es más grave. Por ejemplo: una fiesta en el quinto piso. Los vecinos inmediatos de los pisos cuarto y sexto, y los vecinos laterales sufren las consecuencias. ¡Estoy en mi casa y tengo el derecho de hacer lo que me dé la gana!, es el argumento del prepotente y egoísta fiestero quien ignora que vivir en construcciones multifamiliares implica respeto a los vecinos para también ser respetado. Parece que muchos aún no entienden en qué consiste la convivencia en viviendas multifamiliares.

Si algún valiente y cansado vecino se queja ante la Comisaría, ésta envía un policía cuya labor consiste en hacerse presente, ver, tomar nota para “reportar” a su comisaría y marcharse. Mientras tanto, pasan las horas. Los fiesteros, alegres por el efecto del licor y la música a alto volumen, gozan hasta cansarse bailando, chillando y hablando a gritos. Sólo en las horas antes del alba comienzan a dispersarse satisfechos de la hazaña. Y si la fiesta es en el club de los policías, que también sirve para los “eventos sociales”, ¿a quién quejarse?

Si la queja es a la oficina del Serenazgo, también llega alguien al escenario de la fiesta para cumplir el protocolo: ver, escuchar al denunciante y denunciado y marcharse sin dar ninguna solución. “Mejor llamen a la oficina del medio ambiente”, dijo irónico un personal del Serenazgo antes de retirarse. ¿A medianoche o en la madrugada está abierta alguna oficina del medio ambiente? Así algunas noches limeñas de fines de semana son de farras, de bullas y de contorsiones dancísticas para los fiesteros; de tormentos y de noches blancas y aburridas para los vecinos. Para la fiesta sí hay tiempo y dinero.

¿Por qué los peruanos se alegran y bailan sólo con música a alto volumen? Es el comentario de los amigos extranjeros asiáticos que residen en Lima o están de visita. Ocurre que esta forma de alegrarse con música estridente no es propia  de un distrito o barrio ni de un estrato social específico. Es de la mayoría de los peruanos. Esta costumbre generalizada se diferencia sólo en el local del evento, el equipo de sonido, la clase de orquesta y música, la variedad del licor, las condiciones de acceso, etc. Los que se quejan de este tormento musical son ignorados por las autoridades que se hacen desentendidas porque ellas mismas también hacen sus fiestas bullangueras.

También podemos bailar con menos ruido
Sin embargo, aun siendo peruano cuestiono lo que debo cuestionar: ¿El alto volumen de la música es conditio sine qua non para estar feliz? ¿Es la única forma de alegrarse? Los que critican este modus jocundi (manera de alegrarse) son muy pocos; pero esos pocos también son peruanos aunque vayan contra la corriente general. Y si reflexionamos más: No toda costumbre es correcta por ser de la mayoría. Y esta reflexión no es elitismo ni discriminación.

Ruido callejero
Las calles limeñas y de otras ciudades peruanas, fuera del ruido de los motores y bocinas de los vehículos conducidos por impacientes choferes, se contaminan también con la música estridente que sale de algunos vehículos. ¿Algunos conductores se fiestean mientras manejan?


miércoles, 16 de diciembre de 2015

INVESTIGACIÓN MÉDICA y LA VIOLENCIA EN EEUU


Jorge  Zavaleta  Alegre El Diario16 desde Lima/EEUU

Jose Kanshepolsky, es un médico peruano, residente en Arizona, especializado en  la  nueva ciencia de la criogenia. En declaraciones para el  Diario 16 Informa  que en Beijing ya existen centros hospitalarios, clínicas muy bien acondicionadas  para  cuidar las células madres de 150 mil cordones umbilicales, siguiendo  la búsqueda de conservar la  vida eterna.
jkanshepolsky@aol.com



Ahora nos informa sobre la aparición en el mercado la jeringuilla que tapa heridas de bala en 15 segundos.
En EE.UU., las balas matan a 33.000 personas cada año, 20.000 por suicidio y 11.000 por homicidio.
Cada inyección puede absorber hasta medio litro de sangre y el proceso dura 15 segundos

La oleada de violencia por armas que vive Estados Unidos ha hecho que la llegada de este invento sea recibido con los brazos abiertos. En EE.UU., las balas matan a 33.000 personas cada año, 20.000 por suicidio y 11.000 por homicidio. Las hemorragias son la causa de hasta un 40% de las muertes de civiles por traumatismos, y hasta un 56% de esos casos ocurren antes de llegar al hospital.

Es por eso que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ha autorizado el uso médico de una jeringa que permite tapar heridas de bala en sólo unos pocos segundos. El invento recibe el nombre de XSTAT 30 y es una jeringuilla rellena de pequeñas esponjas esterilizadas.

Una vez que la jeringuilla se introduce en la herida, las esponjas se hinchan y la taponan para detener la hemorragia y evitar así que la víctima muera desangrada y pueda llegar a quirófano.
Cada inyección puede absorber hasta medio litro de sangre y el proceso dura 15 segundos. Hasta el momento esta técnica se usaba sólo en el Ejército.  El sistema sólo estaba autorizado para uso militar, pero de ahora en adelante también se va a poder usar en ambulancias y hospitales.

La FDA ha pedido el uso responsable de la jeringuilla XSTAT 30 en situaciones en que no haya otra alternativa para frenar el sangrado. Han informado que este dispositivo no puede ser aplicado en determinadas partes del cuerpo como el pecho, el abdomen, la pelvis o por encima de la clavícula, manifestando a su vez, que dicho apósito sólo puede ser usado durante un máximo de cuatro horas, tiempo que permitiría que el paciente reciba atención quirúrgica.


CULTURA DE VIOLENCIA
Investigadores con los cuales hemos conversado nos dicen que los Últimos acontecimientos en Estados Unidos - desagradables por supuesto - nos trae a tema la cuestión del ¿por qué?.

Definitivamente en este país existe una cultura que promueve la violencia pero quizás el tema vaya mucho más allá y se trate en realidad de un modelo socioeconómico capitalista el verdadero responsable de todo esto.

Recordemos primero que Los Estados Unidos constituyen tal vez el Único país del mundo donde sus ciudadanos cometen actos de violencia mortal contra profesores, administradores y estudiantes en recintos escolares.

Vale empezar aclarando que el estado norteamericano promueva la idea de que las armas y el uso de la violencia son un método para conseguir la libertad.

La política armamentista del presidente Bush solo alimenta esta ideología en una sociedad con un marco de conflictividad social, pensado esto, no es tan sorprendente el tipo de matanzas que cada cierto tiempo llenan de dolor al pueblo estadounidense. Estados Unidos posee casi un arma por habitante, sumado a esto es necesario destacar los altos niveles de desigualdad social que existe en el país: esto es altos índices de pobreza, de encarcelamiento y de represión. No es el "País de la Libertad como se cree".
Este país tiene acogida en la segunda enmienda de su Constitución el derecho de los ciudadanos a portar armas de fuego. La tradición que acoge esta disposición legal crea una espiral diabólica en la que la existencia de delitos promovidos con armas de fuego motiva que las personas caigan en la tentación de disponer un arma,  de lo que a su vez promueve su uso. Sin lugar a dudas acontecimientos como los de Virginia Tech y Columbine no serán los más impresionantes ni los Últimos.

Estados Unidos es un país que desde el 11-S ha sido víctima de una paranoia generalizada y obsesiva con la seguridad, lo cual ha justificado una guerra en la que casi todos los días se reportan tragedias de la misma o mayor magnitud de lo ocurrido hoy en Virginia, resulta contradictorio con la política Bush que la mayor amenaza a la seguridad nacional no sea el terrorismo o los regímenes islámicos sino su propia población y millones de armas que circulan libremente.

El gobierno norteamericano gasta miles de millones de dólares de su presupuesto para el Departamento de Seguridad Interna, a pesar de ello y de los códigos de color para alertas de amenazas a la seguridad nacional, hay muy poca regulación y es muy limitado y a veces nulo, el control de las aproximadamente 200 millones de armas de fuego en manos privadas en este país, suficientes para armar a cada hombre y mujer en este país.

No hay un registro preciso de armas de fuego en manos de civiles en los Estados Unidos. Se calcula que son más de doscientos millones de pistolas, revólveres, rifles y armas de guerra que, en la mayoría de los estados, pueden ser adquiridas con un ligero trámite en el que no tener antecedentes penales es la Única condición exigida por las autoridades para ejercer el derecho constitucional a poseer un arma.

Según cifras oficiales del Centro Federal de Control de Enfermedades, en los últimos cinco años (las cifras más recientes son de 2004), más de 148 mil personas han muerto por una arma de fuego en Estados Unidos. De Estos, 14 mil 500 son menores de edad.

En un año murieron 29 mil 569 personas a causa de armas de fuego, un promedio de 81 personas por día o una persona asesinada cada 18 minutos, reporta la organización Brady Campaign to Prevent Gun Violence, con cálculos hechos con información oficial.

De acuerdo con el Brady Campaign, se calcula que 39 por ciento de los hogares en Estados Unidos tiene un arma de fuego. Se registran ventas de entre 3 a 4 millones de armas de fuego al año, y se calcula que entre uno y tres millones adicionales se intercambian en mercados secundarios. Los heridos por bala sumaron 69 mil 825 en 2005; más de 191 al da. Una investigación de los costos económicos directos e indirectos de la violencia con armas de fuego en Estados Unidos se calculó en 100 mil millones al año, informa el Brady Campaign.

Sin embargo y a pesar de tener una lamentable tradición  de matanzas como las de Columbine, y varios más que se han registrado desde entonces, incluyendo recientemente la muerte de cinco niños en la escuela rural de Amish, no se ha promovido en un mayor control de armas.

De hecho, organizaciones que se dedican a promover leyes de control  informan que la mayoría de los estados no requiere que los dueños de armas tengan licencia o que sean registradas y miles de armas son compradas en ferias sin verificación del historial criminal del comprador, mientras que los bancos de datos sobre criminales no son actualizados, permitiendo que delincuentes obtengan armas fácilmente. Peor aún, la agrupación New Yorkers Against Gun Violence recuerda que "desde la tragedia de Columbine, es ahora mas fácil obtener armas", y detalla como gobiernos estatales han promulgado leyes que minan esfuerzos para controlar las armas. Además, acusa que el Departamento de Justicia ha promovido medidas que hacen más difícil detectar quien está comprando armas, mientras que el Congreso ha promulgado medidas que en los hechos facilitan el tráfico ilegal.

La falta de un control de armas de fuego ha sido un triunfo de poderosas agrupaciones de cabildeo, en particular la Asociación Nacional del Rifle (NRA), que ha convertido el derecho a portar armas en una misión sagrada y patriótica.
A pesar de que está demostrado que la interrelación entre los parámetros de delitos violentos, número de presos, aplicación de la pena de muerte y permiso para comprar armas forman un entramado que retroalimenta a una de las sociedades más violentas del mundo, los dirigentes políticos siguen sin tomar posiciones frente a la libertad de venta de armas y de su uso restringido porque entienden que es una costumbre tan arraigada en los Estados Unidos que enfrentarse a ella tendrá negativas influencias electorales.

Estados Unidos es una mixtura de una de las sociedades más avanzadas con algunos lastres arcaicos que determinan que la dureza de la ley, la violencia y una de las poblaciones reclusas proporcionalmente más grande nos inviten a dudar de la solidez de ese sistema de vida.

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martes, 15 de diciembre de 2015

Elogio a la lucidez: Lévano a los noventa






César Lévano transita por aulas universitarias y salas de redacción con la disciplina de un monje tibetano. El hombre que de niño se enfrentó al dolor de la orfandad y la pobreza, que estuvo tres veces en prisión por sus ideas y paseó su talento por las mejores redacciones peruanas, continúa, a un paso de los noventa, dictando clases en San Marcos y escribiendo una columna diaria en un tabloide local del cual es director.

Tal vez estando cerca no lo sabes:
César, el nuestro, Lévano, ha caído:
él ya conoce cómo se usa el alma 
en el bíblico no de los presidios.
Carta a un hermano prisionero – Juan Gonzalo Rose

César nació como Edmundo Dante, pero urdió un cambio de nombre en honor al más universal de los poetas peruanos. “César Vallejo impacta aunque uno no entienda”, le respondió a un periodista. A Lévano se le entiende todo y su longeva lucidez sin duda impacta.
A inicios de los años treinta, en la puerta del solar Sagrado Corazón de Jesús, en el 320 del jirón Miguel Aljovín, entonces llamado Mapiri, los morenos del barrio se reunían para celebrar sus mejores ocurrencias. Lévano era entonces un párvulo que prestaba sigilosa atención a laperformance de estos encuentros, como si estuviera en una clase maestra de improvisación. “El humor negro es muy agudo y no es ofensivo. Ruperto Reyes era un joven que se distinguía por llevar su pelo muy lacio, y los mozos de la quinta le pusieron: peluca de fierro”. El maestro recuerda ese momento de su infancia en el centro de Lima y reflexiona: “Quizá esa picardía era una compensación a las privaciones sociales y económicas de la época. Ese humor me educó en cierto grado de resistencia psicológica”.
Lévano pasó parte de su niñez entre periódicos. Su madre había muerto de una tisis a la laringe cuando él tenía siete años. “Una vecina del solar de Mapiri, convenció a mi tía Emérica, que fue mi segunda madre, de que me dejara vender periódicos en la calle”. Emérica, recuerda, era una mujer sacrificada, recta y agobiada por el cansancio. Trabajó lavando ropa ajena, como lo hizo su madre y como lo hacen hasta el día de hoy miles de mujeres del país. “Yo empecé vendiendo periódicos por necesidad, si no trabajaba nos moríamos de hambre”.
Esa auroral faceta de canillita fue sin duda su primer vínculo con el periodismo. Tiempo después se instaló en un puesto de periódicos, en la esquina de Grau con Manco Cápac. Con diez años, y la herencia política de su padre, un anarcosindicalista leído, el niño aprendió a diferenciar los diarios por su contenido periodístico. “Catalogaba no sólo a los periodistas y periódicos, sino también a los lectores. A fulano le gustaban los deportes y las notas policiales porque llevaba La Crónica; este otro era más serio porque compraba El Comercio, o La Prensa”. Un día, mientras el niño colgaba -subido sobre una banca- los diarios y revistas para su venta, intempestivamente apareció un militar borracho a bordo de un auto y lo embistió. El resultado del accidente fue una pierna dañada de por vida.

***
Lévano estudió de noche en el Colegio Nacional Alfonso Ugarte. Allí, en complicidad con algunos compañeros de clase, fundó su primera revista. Se llamaba Cultura. Al ver su nombre impreso en el primer y único número de la revista, reflexionó: “Edmundo Lévano suena a nombre de farmacéutico”. A partir de allí empezó a llamarse César, como el poeta al que admiraba.
Continuó escribiendo artículos, esta vez anónimos, en Democracia y Trabajo, un periódico del Partido Comunista Peruano y en Estrella Roja el órgano de la juventud comunista. Más tarde ingresó a trabajar como corrector de pruebas en La Noche, un vespertino cuya sala de redacción estaba en la calle de La Amargura, en la última cuadra del jirón Camaná, a un paso de la Plaza Francia. Allí conoció a Juan Francisco Castillo, un hombre generoso, comunista y amante de la buena lectura, quien lo invitó a conocer su biblioteca y lo inició en la poesía. Gracias a él leyó por primera vez, y antes que sean publicados, los manuscritos de Carlos Oquendo de Amat, los artículos de Vallejo escritos en la revista Variedades y los textos de Mariátegui, ambos ordenados y encuadernados en tomos. “Antes, para leer los Siete Ensayos en la biblioteca, había que pedir permiso a la prefectura”, recuerda.
En La Noche también trabajaba un joven de apariencia dulce y espontánea: Juan Gonzalo Rose. Era poeta y con los años se convirtió en el hermano de mil batallas de César Lévano. “En la sala de redacción los encargados de cada sección mandaron colocar un marbete sobre sus escritorios. Este consignaba el cargo que cada uno tenía: Juan Francisco Castillo – Jefe de Redacción; el otro – Jefe de Política; el otro –Jefe de Deporte… Juan Gonzalo y yo éramos principiantes que ganábamos una miseria, y a él se le ocurrió colocar un pedazo de cartón sobre su mesa con este texto: Juan Gonzalo Rose – Redactor Permanente”. Lévano termina de recordar la anécdota y estalla en una carcajada pícara.
“He conocido tres pivotes del periodismo partidario: Juan Francisco Castillo, nutrido de cultura popular; Alfredo Matheus, descendiente de ingleses, que preparó una de las primeras tesis universitaria sobre Mariátegui, y el maestro Antenor del Pozo. Este trio hizo periodismo partidario y yo coincidí con ellos en la misma época”.
César Levano
Lévano junto al poeta Juan Gonzalo Rose en su casa del Rímac. Foto: Herman Schwarz.

***
El auto se detiene en el estacionamiento aledaño a la puerta de ingreso número tres de la Universidad de San Marcos El chofer extrae una silla de ruedas y la despliega con pericia. César Lévano ejecuta sin ayuda unos movimientos seguros y pausados que lo instalan sobre la butaca rodante. El chofer maniobra la silla y avanza bordeando el bosquecito de Letras. Busca la rampa de acceso mientras queda atrás el inconfundible olor de los eucaliptos. El rostro adusto de la escultura del cholo Vallejo vigila el acceso y le da la bienvenida. Lévano inclina la cabeza en gesto reverencial y se desliza al modulo de seguridad.
Es viernes, son las dos de la tarde, y los alumnos van y vienen por el Patio de Letras. Una pareja de jóvenes lo reconocen murmuran “Mira… allí está César Lévano ¡Vamos a saludarlo!” Se acercan. Él responde el gesto con una tibia sonrisa. Y avanza hasta el aula 6A, en el primer piso. Allí dicta dos cursos: Periodismo e Investigación y Cultura de Actualidad. Todos los lunes y viernes repite este recorrido. Es el primero en llegar y el último en irse del aula.
Lévano dicta en San Marcos desde 1978. “Me invitaron a dictar una clase magistral. A los estudiantes les gustó como desarrollé los temas de la charla y fueron ellos los que pidieron a las autoridades que les enseñe. Me hicieron un contrato por dos años y luego me nombraron”, refiere con satisfacción. Desde entonces combina el quehacer periodístico, que no conoce de horarios, con la docencia universitaria en la Decana de América.
Ángel Páez, jefe de la Unidad de Investigación de La República, recuerda que descubrió a César Lévano a través de la lectura. “Siempre he sido un lector voraz de periódicos, de revistas y de libros. Lo leí en Caretas por primera vez. Tiempo después leí su opúsculo Arguedas. Un sentimiento trágico de la vida y su poemario Árbol de batallas”. Antes de terminar el colegio Páez ya sabía que Lévano era profesor en San Marcos y se propuso: un día seré su alumno. Y así fue. Empezó a destacar en un curso sobre crónicas y reportajes. “Recuerdo que a Lévano le llamó la atención una crónica que hice sobre un desaparecido peruano en Argentina, durante la dictadura del general Videla. Este personaje estaba vinculado a organizaciones de izquierda, y era el hermano del dueño del puesto de periódicos de la esquina de mi casa. A Lévano le pareció genial la historia, pero antes me preguntó, medio en broma, de dónde la había inventado… Allí se dio cuenta que tenía la mano suelta para escribir”, evoca Ángel, mientras observa de reojo el monitor de su computadora y ensaya unos rápidos golpes sobre el teclado.
En clase los alumnos solían destacar la facilidad con que Lévano combinaba periodismo con lecturas de historia, economía, sociología y filosofía. Más de una vez les contaría pasajes de la historia de su familia. Su padre había sido obrero textil y dirigente sindical, su abuelo, guerrillero de Cáceres y Piérola, y más tarde seguidor de la predica anarquista de Manuel Gonzales Prada. “Nos hablaba de Bertolt Brecht, Wolfgang Goethe, Ernest Hemingway, William Faulkner, George Orwell y Fiódor Dostoyevski. Su nivel cultural es oceánico y su memoria sagaz y aguda”, sostiene Páez, y extiende los brazos para cargar de significado lo que acaba de decir.
Páez no olvida que uno de los libros cardinales en las clases de Lévano era Literatura y Periodismo, del español Leonardo Acosta Montoro. “Allí se encuentra la esencia de sus clases; la combinación de las técnicas de reportería con los procedimientos narrativos para contar los hechos”. Su apego por los libros hizo que estos invadieran el primer piso de su casa del Rímac. Una vez un familiar le sugirió a Natalia Casas, la compañera de toda su vida, que se deshiciera de algunos libros. Ella respondió: “Si boto uno, al día siguiente él vuelve a casa con tres más”.

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Cesar Lévano
Lévano, reportero de Caretas, redactando sus crónicas en una máquina de escribir de la época. Foto: Caretas.
El periodista Paco Moreno desarrolló con César Lévano una empatía que se remonta –también- a las aulas universitarias. “Antes el maestro dictaba el curso Periodismo de opinión en un aula del tercer piso de la Facultad de Letras. Al terminar la clase siempre lo acompañaba y lo asistía llevando su maletín. Bajábamos conversando por la rampa, luego salíamos de la universidad rumbo a la avenida Universitaria, donde él tomaba un taxi”. Lo platicado en esos innumerables trayectos fue vital para forjar en el joven Paco Moreno la convicción de abrazar el periodismo como oficio. Las lecturas y libros recomendados en esas conversaciones fueron el detonante para una relación de amistad que goza de buena salud y roza los veinte años. Hoy Moreno es periodista en el diario Uno, del cual Lévano es director.
Lévano, dice su discípulo, ha desarrollado una cualidad que ya desearían poseer otros directores: lo serena todo. “Nunca se exalta, no se enoja, siempre está equilibrado. Puede pasar un problema grave pero él siempre va a mantenerse sereno y ecuánime, dando opiniones acertadas y pragmáticas”. Moreno intenta reflexionar sobre esta condición y ensaya una hipótesis: “A lo mejor ningún inconveniente o desazón actual puede compararse con todo lo que él pasó en la cárcel a causa de sus ideas”. En efecto, Lévano estuvo prisión tres veces a causa de su militancia comunista. Pasó temporadas en el Sexto, el Panóptico y en la isla El Frontón. “En la cárcel sufrió torturas, soledades y obligado distanciamiento familiar. Esa experiencia lo ha hecho más fuerte y ha cimentado sus creencias políticas”.
Esas convicciones las cultivó desde joven, del día en que recuerda haber buscado a los dirigentes del Partido Comunista para pedirles que lo acojan en sus filas. “Quiero ser comunista”, les dijo. Ahora se define mariateguista, materialista dialectico y encima ateo. Un ateo que en el velorio de Natalia, su compañera, soltó una petición con pretensiones divinas: “Sí es que el cielo existe, debería existir para acoger a seres como ella”. Era una súplica dictada desde un corazón que siempre estará a la izquierda.

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Sentado en el aula 4A de la Facultad de Letras de San Marcos, Lévano espera que lleguen los trece alumnos del curso Periodismo de Investigación. Entretanto, ojea con detenimiento un número de la revista The New Yorker. Se detiene en cada página como si auscultase un examen de grafotecnia forense. “Esta revista siempre la he leído, y entre sus páginas siempre publica poesía”.
Maestro, ¿qué pensamiento tiene usted de la muerte? Sin dar respiro a la interrogante responde: “No pienso en la muerte. Aunque debe estar cerca por una cuestión biológica. Pero siempre digo: yo no le tengo miedo a la muerte, sospecho que la muerte me tiene miedo a mí.
Hace un tiempo dormía sólo en mi habitación, me desperté y vi a una mujer blanca vestida de gasa y de rodillas frente a mi cama. Me extendió la mano y sentí que estaba dándole la mano a un cadáver. Quise hablar y no logré articular palabras, después de unos segundos alcance decir: ¡Vete!. Y la mujer desapareció. Fue como una especie de pesadilla. A las dos semanas falleció mi amigo -el músico y escritor- Víctor Merino, a lo mejor la muerte venía por mí pero como la espanté fue en busca de él”.
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José  Martí
El extraordinario  escritor, predijo  muchos aspectos  de la  historia de la isla  “Verde como las  palmeras”, con la siguiente glosa:

“El periódico debe estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano, y la espuela en el tacón. Al menor accidente, debe saltar sobre la silla, sacudir la fusta, y echar a escape el caballo para salir pronto y para que nadie llegue antes que él. Debe, extractando libros, facilitar su lectura a los pobres de tiempo. O de voluntad o de dinero. Hacer asistir a los teatros, como sentados en cómoda butaca que este efecto hace una alineada y juiciosa revista, a los pobres y a los perezosos. Deber desobedecer los apetitos del bien personal, y atender imparcialmente al bien público. Debe ser coqueta para seducir, catedrático para explicar, filósofo para mejorar, pilluelo para penetrar, guerrero para combatir. Debe ser útil, sano, elegante, oportuno, saliente. En cada artículo debe verse la mano enguantada que lo escribe, y los labios sin mancha que lo dicta. No hay cetro mejor que un buen periódico".
Este ilustrado intelectual  sostenía que “La prensa debe ser examen y la censura, nunca el odio ni la ira que no dejan espacio a la libre emisión de las ideas. Nunca se acepta lo que viene en forma de imposición injuriosa; se acepta lo que viene en forma de razonado consejo".

En "O Yara o Madrid", se revela el futuro periodista comprometido con la libertad de Cuba. En ese primer periódico del Apóstol aparece un editorial que, escrito por él, dice: "nunca supe yo lo que era público, ni lo que era escribir para él, mas a fe de diablo honrado, aseguro que ahora como antes, nunca tuve tampoco miedo de hacerlo".
Jorge Zavaleta Alegre, Correponsal en los países andinos y 
 Washington de  Cambio16 y Diario 16 de Madrid, recordando palabras de José  Martí, tan vigentes en la pluma  de Cesar Levano, desde el Diario UNO de Lima:
El extraordinario  escritor, predijo  muchos aspectos  de la  historia de la isla  “Verde como las  palmeras”, con la siguiente glosa:

“El periódico debe estar siempre como los correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano, y la espuela en el tacón. Al menor accidente, debe saltar sobre la silla, sacudir la fusta, y echar a escape el caballo para salir pronto y para que nadie llegue antes que él. Debe, extractando libros, facilitar su lectura a los pobres de tiempo. O de voluntad o de dinero. Hacer asistir a los teatros, como sentados en cómoda butaca que este efecto hace una alineada y juiciosa revista, a los pobres y a los perezosos. Deber desobedecer los apetitos del bien personal, y atender imparcialmente al bien público. Debe ser coqueta para seducir, catedrático para explicar, filósofo para mejorar, pilluelo para penetrar, guerrero para combatir. Debe ser útil, sano, elegante, oportuno, saliente. En cada artículo debe verse la mano enguantada que lo escribe, y los labios sin mancha que lo dicta. No hay cetro mejor que un buen periódico".
Este ilustrado intelectual  sostenía que “La prensa debe ser examen y la censura, nunca el odio ni la ira que no dejan espacio a la libre emisión de las ideas. Nunca se acepta lo que viene en forma de imposición injuriosa; se acepta lo que viene en forma de razonado consejo".

En "O Yara o Madrid", se revela el futuro periodista comprometido con la libertad de Cuba. En ese primer periódico del Apóstol aparece un editorial que, escrito por él, dice: "nunca supe yo lo que era público, ni lo que era escribir para él, mas a fe de diablo honrado, aseguro que ahora como antes, nunca tuve tampoco miedo de hacerlo".