Papel de Arbol

lunes, 1 de octubre de 2018

Palimpsesto, una propuesta renovadora, por Jorge Zavaleta Balarezo


Jorge Arturo Figueroa, Santiago de Chile

Las más importantes publicaciones se inspiran en el pasado y seguirán vigentes en tanto la tecnología de las comunicaciones,  que hace solo dos décadas  era literalmente inexistente, llegue a las mayorías.
En pleno apogeo de la vanguardia latinoamericana, que por igual tiene ecos en México, Argentina Brasil o Perú, surge en Cuba con la revista de avance, publicación que en solo  tres años (1927-1930) ofrece al mundo una propuesta rebelde y renovadora desde el campo de las letras y las artes.

Llegamos a 2018, y Palimpsesto, Revista Científica de Estudios Sociales Iberoamericanos de la Universidad de Santiago de Chile, nos ofrece una investigación de Jorge Zavaleta Balarezo, que titula “La vanguardia latinoamericana, a través del rol de la revista de avance  de Cuba y las utopías de nación e identidad”.

JZB  afirma que dicha revista  sigue siendo un referente tanto para entender los hechos contemporáneos a la publicación como para los acontecimientos que vendrían más adelante, entre ellos el triunfo de la Revolución Cubana.

La revista de avance,  no solo destaca por su contenido renovador sino también por  su presentación  gráfica,  diseño y estilo. Resalta obras pictóricas de autores internacionalmente consagrados para ilustrar sus páginas.

El autor de este ensayo  señala que la publicación  es “un acercamiento que va más allá de lo cultural e incluye miradas sociopolíticas y de coyuntura económica para entender una publicación que dejó huella, a veces desde su solitaria insurgencia”.

Cuando  se habla de vanguardia en América Latina, JZB sostiene que  viene de inmediato  la idea de la influencia que los movimientos y escuelas artísticos de Europa, previos y posteriores a la Primera Guerra Mundial, tuvieron en nuestro continente.

Pero no se trató de una mera imitación de modelos foráneos. La concepción de los vanguardistas latinoamericanos -desde Borges a Vallejo- fue de una plena conciencia que tomaba referentes quizá lejanos, es cierto, pero que encontraba auténticas y genuinas vías de expresión.

JZB nos explica que la nueva y joven generación de intelectuales que encabezó la vanguardia en países como Argentina, México, Brasil, Perú y Cuba articuló un discurso distinto que no lo era solo porque se refería al futuro ni porque lo practicaban jóvenes artistas, sino porque traía en sí mismo una renovación.

“Se podría hablar, incluso, de una refundación, del fin de ciertos cánones y del establecimiento de un arte que, desde la libertad y la imaginación, daba cabida a nuevas y heterogéneas realidades”.

Revista de avance, publicación cultural de  La Habana, alcanzó las 50  ediciones, y  permitió mostrar un amplio espectro de manifestaciones universales, de literatura, artes plásticas, cine, humor, al lado de relevantes reflexiones ideológicas y filosóficas.

La revista se anticipó al proceso  revolucionario cubano como  se puede comprobar aquí: “Solo una política de expropiación y socialización muy valerosa y enérgica pudiera reconquistarnos la tierra cubana enajenada a los accionistas extranjeros.”

El número ocho, de junio de 1927, denuncia el encarcelamiento de Martí Casanovas, uno de los miembros del comité editorial.  Más adelante se unirán al grupo editor Félix Lisazo y Francisco Ichaso.

Sus editores impulsaban la identidad cubana, desideologizando o deconstruyendo un aparato tradicional de pensamientos colonialistas y paternalistas al denunciar la existencia de una grave trampa ideológica -traducida políticamente en la penetración externa.

Este tema y sus consecuencias alimentarán un artículo llamado “Cuba, país de viceversas” en el cual se remarca “la índole contradictoria de nuestro carácter”. Esta reflexión se hace a partir del problema azucarero en la nación caribeña.

En el primer número y en las dos siguientes ediciones, Jorge Mañach dedicará sendos artículos a una exquisita reflexión sobre el vanguardismo. Sobre el nuevo movimiento, dirá: “Es el gallardete que se le pone a un intento doctrinal” y también: “la vanguardia es un compromiso y un credo”.

La revista de avance circuló al mismo que   Contemporáneos de México, Martín Fierro, de Argentina y Amauta, de Perú. Y tal fue el vínculo, simpatía y similitud con esta última que le dedicó un homenaje a la muerte de José Carlos Mariátegui, el prestigioso pensador continental que se adelantó a su tiempo.

Esta realidad confirma el sentimiento americanista, del continente por fin unido y en modo recuperado. Es, además, la actualización, necesaria, de la herencia de Martí y del sueño de Bolívar. Por primera vez en América Latina, hace casi un siglo, intelectuales de diferentes esferas y de nacionalidades distintas se unían en torno a un ideal común.

Un referente  fue la doctrina política del aprismo, en Perú, que planteaba la gran patria indoamericana y la lucha contra el imperialismo norteamericano. Fueron también los tiempos de las reformas universitarias, cuyo primer hito ocurrió en Córdoba en 1918, con inmediata repercusión en el resto del continente. En Cuba se produjo en 1923.

La cultura, en los años veinte, desde las tiendas de la vanguardia, comienza a tornarse una actividad febril, consecuente, poblada de encendidos debates y disputas.

“Almanaque” era una sección de notas breves que anunciaba nuevas publicaciones o se refería a hechos trascendentes como el centenario de Beethoven.“Index Barbarorum” era otra sección fija,  en la cual se recogían, humorísticamente, erratas de publicaciones recientes y  fragmentos de obras literarias.

Zavaleta Balarezo,   conocedor  del séptimo arte destaca la  sección de crítica de cine. Comenta, a manera de reseñas, las películas más destacadas que se veían en Cuba, poniendo énfasis en aquellas, sobre todo europeas, que con el paso del tiempo habrían de convertirse en clásicos. Bien puede hacerse un paralelo entre este apartado y los que suscribían Jorge Luis Borges en Sur, de Buenos Aires, y María Wiesse en Amauta, de Lima.

La poesía y el relato  impulsaron la sección literaria. Hubo firmas universales como las de Waldo Frank, Wallace Stevens o el uruguayo Horacio Quiroga. Un estudioso del folklore en Cuba como Fernando Ortiz fue colaborador de la publicación.

En palabras de Miguel Ángel Asturias, señala el “eco espiritual en América de nuestra generación”. Recoge colaboraciones de escritores  de renombre internacional: Mallarmé, Valéry, Apollinaire, Baudelaire, Paul Morand, Jules Supervielle, Ezra Pound, Ortega y Gasset, Unamuno, García Lorca, AlfonsoReyes, Asturias, Vallejo, Villaurrutia, etc; ilustraciones de Picasso, Juan Gris, Dalí, Diego Rivera, Orozco y muchos otros que sería largo enumerar.

Fue en sus páginas donde se publicó por primera vez poesía negra o negrista. Aunque Manzoni (2001) cuestiona que “tampoco son de piel negra los que la cultivan en la revista de avance, sea como moda o como búsqueda de fuentes”, aludiendo a la presencia, entre otros, de Ramón Guirao, Emilio Ballagas. Y Nicolás Guillén para enriquecer y problematizar la polémica, Manzoni  insiste en que la 
poesía negrista que se publica en el quincenario no responde a un programa.

A su vez,  Alejo Carpentier, figura muy cercana a la revista, ensaya en su primera novela, Ecué-Yamba-O, su primer acercamiento al mundo de los hombres de raza negra en el Caribe.

Si bien en un primer instante, tímida, inocentemente, la revista se planteó a sí misma como un proyecto exclusivamente cultural, pronto sus editores advirtieron que Cuba vivía una realidad atrasada, colonizada, que urgía un  escape para esa situación. Y qué mejor vía de oxígeno que aquella que viene desde el arte, desde las bellas letras y la plástica.

Así, la mirada que reformula la realidad, en base a una crítica constante, pasa necesariamente por una especie de cirugía mayor. Sociología, política, filosofía, historia se conjugan con el arte y las letras para descubrir a la nueva Cuba del mismo modo como la vanguardia postulaba, imaginariamente, pero con mucho entusiasmo, al hombre del mañana.

La nación -no solo como concepto sino como una serie de ideas que ponen en práctica un mecanismo de acciones- no necesariamente constituye un “sueño integrador” pues se está gestando en realidad, desde los textos de la revista. Los colaboradores de la publicación se sienten y representan militantes en esta lucha por la nación, que también es por la identidad y la independencia. Concebida así, la nación se mantiene en el ideal justo y absoluto, necesariamente integrador.

La revista Palimpsesto publica artículos científicos, que  corresponde a trabajos inéditos  sobre temas de América Latina, vinculadas a las Humanidades y las Ciencias Sociales.

Hoy Cuba se encuentra nuevamente en una encrucijada y más que de vanguardias, la presente es una época de saturación de la información, de ideas neoliberales y de miedos perpetuos. Aún con estos elementos propios o impropios de nuestros “tiempos modernos”, que siempre serán cuestionables, el natural derecho a imaginar y repensar utopías, planteado entre 1927 y 1930, cobra vigencia y se torna tarea urgente que corresponde, hoy en día, no solo a los intelectuales. Es un motivo más que suficiente para continuar indagando en sus páginas desde la perspectiva actual de un mundo conflictuado, pero donde, aún, cabe la reflexión principista.

Este antecedente en la historia del periodismo es un referente esencial para América Latina, empezando por el Perú, donde es urgente que el sistema universitario promueva instrumentos de acceso a las  Ciencias y Humanidades. Los llamados Concytec en los países andinos, poseen fondos simbólicos que limitan la posibilidad de  investigar y publicar.  Amor a la ciencia es sinónimo de belleza, de poesía, de arte. Es desarrollo  humano.

Palimpsesto, del griego antiguo "παλίμψηστον", que significa "grabado nuevamente" al manuscrito que todavía conserva huellas de otra escritura ...









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