Papel de Arbol

sábado, 10 de abril de 2021

LA UNIVERSIDAD DEL SIGLO XXI. Jorge Zavaleta Alegre. DIARIO16 MADRID.





Jorge Zavaleta Alegre

La globalización ha modificado sustancialmente la naturaleza del Estado contemporáneo con relación a la acumulación de capital y como articulador de la identidad nacional.

En este contexto la Educación superior en las universidades públicas  atraviesan problemas frente a una nueva hegemonía de las universidades como empresas privadas, crisis cada vez más grave sobre todo en los países  subdesarrollados, donde el Estado es débil, corrupto, con  creciente economía informal como el contrabando y el narcotráfico que  ahora comercializa la droga a través de  barras de oro como fuera del sistema financiero.

Investigaciones recientes confirman que  la educación superior  en lo que va del presente siglo ha profundizado su crisis por la reducción de recursos públicos y la competencia desigual con  los centros académicos financiados   por la empresa privada, de cara al mercado.

La autonomía tradicional de las universidades ha sufrido una merma de recursos públicos, como punto de interacción entre la universidad moderna y la sociedad. Hasta la década de los setenta, la educación superior se expandió de forma sostenida en el número de instituciones, en la cantidad de estudiantes y profesores y en la disponibilidad de recursos financieros.

A partir de los ochenta, el financiamiento público para la educación superior se ha reducido significativamente en casi todos los países, confirman las estadísticas del Banco Mundial realizadas entre 1994, 2000.

Las nociones de la universidad como proyecto cultural e institución productora de bienes públicos han pasado a un plano marginal o sólo discursivo. Hoy prevalece una educación superior y mercado por un esquema de universidad "emprendedora" y por un proceso creciente de privatización de la oferta. Las universidades privadas se han multiplicado y la propaganda agresiva ha logrado un aumento artificial del alumnado que ha internalizado que no se debe prescindir de la educación superior para supervivir en la modernidad.



Es muy cierto que las universidades de investigación siempre han competido por prestigio social y académico, y además se han involucrado en actividades académicas transfronterizas de mayor o menor envergadura. El mercado está estructurado en dos niveles: una "super–liga" de universidades globales de investigación, que persiguen  fundamentalmente prestigio y poder, más que ganancias económicas como tales.

Y en segundo nivel  existe  un grupo más amplio de instituciones con menos estatus, involucradas en la exportación comercial de la educación, con un modelo de desarrollo de expansión del capital privado.

Las universidades nacionales de investigación más importantes fuera del mundo angloamericano, que fueron líderes incuestionables en sus países, ahora están  ensombrecidas por las  universidades Harvards, Stanford y Oxford en Gran Bretaña.

Las primeras 100 universidades en el ranking de Jiao Tong (2005) incluye a 52 universidades de Estados Unidos, a 17 de otros países de habla inglesa y el resto del grupo lo componen universidades de Europa occidental y Japón.

El modelo normativo de esta idealización de la universidad norteamericana de investigación es promovido y propagado por el Banco Mundial o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

The Economist (2005), refuerza el éxito americano en la diversificación de fuentes de ingreso en universidades semi–corporativas y la reducción de la intervención gubernamental. Si todos los países siguen las directrices de este sistema ideal norteamericano, fortalecerá la hegemonía y dominación global de Estados Unidos, en lugar de debilitarla y de alcanzar un sistema más equilibrado y equitativo.

La educación superior es una institución del estado que ha sufrido transformaciones profundas en el contexto de la globalización. Se observa un proceso  de mercantilización, la educación superior se ve alineada a las prácticas y requerimientos de distintos mercados tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

    Universidad de San Marcos, la más antigua de Améruca. 

Las universidades públicas de la periferia, que han mantenido- tradiciones diferenciadas, hoy  han entrado en un proceso de conformación  conflictiva en torno al modelo hegemónico global.

Investigaciones sociológicas ratifican que los retos de las universidades latinoamericanas para el siglo XXI, deben redoblar esfuerzos con los grupos vulnerados, fomentar el desarrollo, avanzar en la integración regional y adoptar formatos de enseñanza innovadores.

La educación superior debe ser considerada un bien social y público. Las universidades no solo tienen que estar a la vanguardia del conocimiento, la ciencia y la tecnología. Quizás uno de los aspectos que menos se ha valorado es que incluso la presencia de las propias universidades públicas en lugares donde nadie quiere vivir.

Hoy es importante reconocer y estimular la importancia que tienen las artes y las humanidades. Estudios de docentes latinoamericanos que han pasado por las aulas universitarias como becarios o pagando sus estudios, coinciden que es posible  crear grandes profesionales, grandes investigadores, pero por encima de todo tenemos que preservar aquello que nos hace humanos. Los créditos de libre elección, son vitales para  un estudiante que está en una carrera fuertemente científica.

La UNESCO comenta que se ha avanzado en un consenso para el reconocimiento mutuo de titulaciones que facilitan la libre circulación de estudiantes, pero que eso no agota el problema. “La integración universitaria en la región no se puede dar de manera mecánica. Para que haya un verdadero proyecto en ese sentido, tiene que haber primero un proyecto de integración política y económica”, concluye la Unesco  en el encuentro “Educación y Futuro en América Latina. Reformas, cambios e innovaciones”,

La Cátedra UNESCO “Educación Superior y Pueblos Indígenas” considera la difícil vida de los estudiantes de Estados Unidos con deudas de cientos de miles de dólares para pagar la universidad. Una reciente encuesta de la BBC concluye que la deuda estudiantil en Estados Unidos alcanzó los US$ 1,3 billones el  año 2020. Es el país en el que hay pocas universidades que brindan servicios gratuitos y donde cerca del 70% de los estudiantes recurren a préstamos para pagar sus estudios.

Por ejemplo, la Universidad Católica de América, fundada en 1887 como una institución orientada en la investigación. Hoy es una de las instituciones líderes en sus programas educativos de licenciatura, posgrado y doctorado en los Estados Unidos, gracias al capital intelectual y al compromiso de los docentes y sus centros de investigación, Pero entre la graduación y el sueño  de un empleo gerencial reina un vacío o una quimera.

La deuda estudiantil ha crecido, y también los intereses de los préstamos privados: el tipo fijo de interés está actualmente en el 9,66%. A esto se añade la precarización del mercado laboral en las últimas dos décadas.

Estos millones de situaciones personales han ido aflorando a la superficie de la política; se han traducido en protestas masivas, como la del movimiento Occupy Wall Street de 2011, y han entrado en la agenda de la izquierda democrática.

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Editores  Jorge  Zavaleta Alegre  y  Julia Z. Camerieri,'

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